El famoso sabio Salomón, el rey de Israel y escritor de los Proverbios, Eclesiastés y Cantares, nutrió su saber aprendiendo de la observación de algunos animales, entre ellos la hormiga. Y de este particular animalito escribió que aunque no tenía capitán, ni gobernador, ni señor, ni siendo un pueblo fuerte, preparaba su comida en el verano y recogía en el tiempo de la siega su mantenimiento. Y la lección la dedicó a los perezosos, quienes han existido en todas las épocas y culturas y quienes jamás han prosperado en nada.
Al estilo de los dibujos animados del cine me permitiré hacer una paráfrasis de esta enseñanza de Salomón con el fin de hacerla más aplicable a nuestra cultura y tiempo.
– ¡Ey hormiga! ¿Qué te pasa, estás loca o qué? Apaga ese despertador
– ¡Vamos hombre levántate es tiempo de orar, estudiar la Palabra de Dios, bañarnos, vestirnos e irnos a trabajar!
– Estás de remate amiga. ¿Quién te dijo que yo quería levantarme tan temprano?
– Lo siento, pero yo combato la pereza. Y no dejaré que la pobreza me alcance
– ¿Y qué tiene que ver la pereza con la pobreza?
– Mucho. La pereza es la que te frena, te paraliza y te deja indefenso para que la pobreza, que siempre te persigue, te alcance, te agarre y nunca más te suelte.
– No hormiga, la pobreza no tiene nada que ver con la pereza. La pobreza es asunto de corrupción gubernamental, de atraso industrial, de falta de oportunidades, de bajo índice en el producto interno bruto, de endeudamiento externo y de injustas políticas macro económicas y micro económicas. Apaga la luz y cállate, insecto proletario.
– Jajajajajajajaja, ¡qué desperdicio!
– ¿Y ahora de qué te ríes? ¿De qué desperdicio hablas?
– De la capacidad que tiene el perezoso para excusar su negligencia. Y me parece un desperdicio que tanta creatividad para justificar la pereza se pierda debajo de una sábana haciendo diagnósticos sobre el por qué cada día estás más pobre y fracasado
– ¿Te parece?
– Claro. Inclusive pudieses tener toda la razón en lo que me has dicho, pero esas tesis no deben usarse para disculpar tu pereza y miseria, sino para motivarte a trabajar, a prosperar y ser un factor de cambio para la sociedad. Decide si te vas a quedar ahí acostado maldiciendo la pobreza, o si te vas a levantar e ir conmigo a combatirla.
Ahora dejemos esta fábula a un lado y considera lo siguiente: si alguna vez alguien te grita que eres un animal, no te ofendas, sólo pregúntale de cuál especie, ya que si te dicen hormiga entonces no te estarán ofendiendo, sino elogiando.
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.