(Mateo 22:37-39; 1 Corintios 13:13).
Encontrar los motivos correctos por los cuales hacemos algo en la vida es importante para mantenernos motivados, pues no faltan las ocasiones en que llenos de desánimo no quisiéramos seguir con nuestras tareas y preferiríamos tirar todo por la borda y renunciar a seguir aplicando nuestra dedicación y esfuerzo a una labor específica.
Cuando en la mañana se hace tan duro quitarnos las cobijas de encima, salir de la cama, caminar sonámbulos hacia el baño y negarle a nuestro cuerpo un poco más de sueño, es cuando tenemos que estar convencidos de que vamos a trabajar porque de esa manera nos sacamos adelante a nosotros mismos, sacamos adelante a nuestra familia, sacamos adelante una empresa, servimos a la comunidad y llevamos desarrollo al país.
Cuando ir al cine, ver televisión o salir a jugar con los amigos luce más interesante que sentarse a leer libros, es cuando tenemos que estar convencidos de que estudiamos porque es la forma correcta de ahuyentar la ignorancia, de certificarnos en lo académico y de estar mejor preparados para ser más eficientes, productivos y ganar mucho más.
Cuando da pereza hacer ejercicio físico y se nos antoja que es mejor quedarnos en casa comiendo pasteles, chocolates y otras delicias ricas en calorías, es cuando tenemos que estar convencidos de que el éxito deportivo, la salud y la belleza demandan una cuota de sacrificio, pues así se obtienen las medallas deportivas, el sentirse bien y el lucir bien.
No basta con hacer lo correcto, es importante también hacerlo de la manera correcta y, sobre todo, por la motivación correcta; pues cuando sabemos el por qué hacemos lo que hacemos nos auto motivamos y podemos vencer los instantes de desánimo que con alguna frecuencia nos asaltan.
El problema se hace complicado cuando no sabemos el por qué hacemos las cosas, o cuando descubrimos que las hacemos sin motivaciones fuertes. Es urgente entonces replantear nuestras agendas y decidir si algo vale la pena o no, pues tiempo, dinero y esfuerzo, no se pueden malgastar.
Pregúntate ahora: ¿por qué orar a Papá Dios? ¿Para qué obedecerle? ¿Para qué asistir a la congregación a adorarle en comunidad? Espero que tu primera motivación sea: “porque lo amas y sin Él no puedes vivir”.
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.