El título connotativo de la reflexión de hoy hace pensar de primera mano que el tema es el de la halitosis, pero no es así, puesto que hay un problema con el aliento que es peor que el mal olor que pudiera despedir la boca de alguien.
Al fin y al cabo la halitosis se puede remediar de inmediato con un enjuague bucal, o con un dulce o un chicle, pero el aliento como sinónimo del ánimo, de la motivación, del empuje y de la energía, ese puede ser gravísimo, pues puede tumbar a cualquiera y hasta matarlo.
Si un ser humano no respira, no tiene aliento, es probable entonces que esté muerto clínicamente. Y si no tiene ánimo, aliento, ganas de hacer algo en la vida, también está muerto, no clínicamente, pero sí mentalmente. Y esa muerte le llevará a la tumba sin remedio.
Bien se dijo de una persona que murió a los 20 años de edad pero la enterraron a los 80. ¿Qué quiere decir eso? ¿Acaso estuvo insepulta 60 años? No, lo que esto significa es que tal ser humano mentalmente dejó de vivir cuando dejó de tener deseos de vivir, motivos para respirar, ánimo para soñar, aliento para alcanzar nuevas metas.
Los siguientes años de su pasar por el mundo hasta los 80 fueron sólo de existencia, no de vivencia. También pudiera decirse que no vivió sino que sobrevivió. Y es una lástima pasar por el planeta tierra acumulando días, meses y años sin cosechar nada porque nada se ha sembrado.
Muy diferente es comer el fruto de lo que se sembró y ver a la familia y a otros seguir comiendo de esos frutos por años y años. Y aún saber que después de que partamos de este mundo muchos serán beneficiados por lo que hemos dejado, incluyendo una buena memoria.
El libro de proverbios dice en la Biblia que el buen ánimo en alguien es tan importante que hasta lo capacita para poder soportar algo tan malo como una enfermedad. Pero también añade que cuando dicha persona tiene el ánimo amargado, no hay quien la soporte. Ni ella misma se aguanta.
Será tan importante recibir aliento de la familia, amigos y allegados, para poder vivir, que las mismas palabras desánimo o desaliento en sus raíces significan muerte.
Al “des…animado” se le salió el ánima, el alma. Y al “des…alentado”, se le salió el aliento, el espíritu. En la Biblia, Jesús, en cinco ocasiones diferentes, habló diciendo: “Ten ánimo”. Y ahora mismo te lo está diciendo a ti: ¡Ánimo, yo estoy contigo!
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.