La costumbre en nuestra cultura occidental es que cuando se hace un contrato, un pacto, un acuerdo o alianza, se suscribe un documento y luego se firma ante un notario colocando en dicho papel nuestra firma, nuestro número de identificación nacional y hasta la huella digital. Eso es suficiente para que ante la ley los firmantes expresen estar de acuerdo en lo convenido.
Entre los judíos de los tiempos bíblicos la costumbre no era firmar un documento, sino cortar una víctima, aunque suene raro. Es decir, un judío no decía: “vamos a firmar un pacto”, o, “hagamos un pacto», sino que decía: “cortemos un pacto”. Y literalmente se estaba refiriendo a que se tomaba un animalito como víctima y se cortaba, se descuartizaba, y se le dejaba derramar su sangre, ya que de esa manera el acuerdo quedaba sellado.
Es por ello que en hebreo no se habla del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento de la Biblia, sino del Antiguo Pacto y del Nuevo Pacto, que es lo que significa la palabra hebrea Berit, la cual equivale en griego a Diateke.
Dios realmente no firmó un pacto, sino que rompió un pacto, cortó una víctima, descuartizó una víctima para demostrar la gran seriedad de su alianza con el ser humano. Dios hizo una alianza con el hombre en la cual le aseguraba que perdonaría sus pecados, porque los mismos serían asesinados en un animal. Y esto debía ser así por cuanto la ley dice que el que peca debe morir, porque la paga del pecado es la muerte.
Es por ello que cuando un judío pecaba y deseaba ser limpio, tomaba un cordero de la manada, le echaba sus culpas encima, por la fe, y luego, ante el sacerdote, mataba con un cuchillo al inocente animal.
¿Y por qué lo mataba? Porque al llevar su pecado ese cordero ya no era inocente, sino culpable, motivo por el cual debía morir, ser cortado, descuartizado, derramando su sangre que es el símbolo de la vida.
Por eso, en el Antiguo Pacto de la Biblia, que es antes de Cristo, los pecados eran perdonados sacrificándose animales, derramando la sangre de ellos.
Pero, en el Nuevo Pacto, después de Cristo, Dios mismo, hecho ser humano, haciendo las veces de un cordero de Dios que quita el pecado del mundo, se dejó colgar en una cruz, se dejó asesinar, se dejó cortar, y derramó su sangre para que todo el que necesite el perdón de sus pecados lo mire a Él y quede limpio de culpa.
¡Ya no esperes ni un minuto más para arrepentirte y orar pidiéndole perdón a Dios por tus pecados! En este mismo instante lo puedes hacer, Dios te está esperando con los brazos abiertos, pues fue por ti que dio su vida en la cruz.
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.