Hombres y mujeres desean tener una buena apariencia física. Y una de las áreas a la que se le presta mayor atención es al rostro, por lo cual gran porcentaje de cosméticos son para la cara, desde mascarillas, lociones y cremas, hasta sombras, pestañinas y rubores.
Y para las que no pueden sufragar costosísimas cirugías ni comprar productos con altos precios, la alternativa es retomar los métodos tradicionales de las abuelas, las cremas y mascarillas caseras elaboradas con productos naturales, los mismos que emplean los laboratorios como materias primas.
Un breve paseo por la cocina te permitirá ver la gran variedad de recursos naturales con que cuentas para tu belleza personal: Un pepino, partido en finas rodajas, será una buena mascarilla para piel grasa o normal. También un tomate te vendrá bien como astringente si tu cutis es graso. Y si tu piel es seca entonces podrás usar un melón. Y si hay barros y espinillas es recomendable usar la manzana, aplicando la pulpa que se logra en la licuadora o el procesador. La banana se puede emplear para todo tipo de piel.
Y una de las mascarillas más populares es la de miel de abejas, la cual se puede mezclar con un poco de limón para que pueda penetrar los poros. Además de los nutrientes naturales de este milenario producto de belleza y salud, la miel es antiséptica y ayuda a sanar rápidamente los granitos.
El sabio Salomón, en su libro de Proverbios también encontró un excelente producto: “el corazón alegre”. Él dice que una persona de buen ánimo refleja belleza y transforma su cara en una linda carta de presentación.
Y no hay que preocuparse por líneas de expresión. Simplemente una actitud cordial, amable, sonriente, hace que el rostro se ilumine y se llene de salud y vitalidad. También logra que se apague el letrero que llevamos en la frente y que dice: “no te acerques, perro bravo”. Y en su lugar enciende uno en neón que dice: “¡Qué lindo verte, bienvenido a mi fiesta!”.
¿Por qué crees que a vendedores y relacionistas se les exige sonreír? Porque sus sonrisas literalmente les representan negocios exitosos. Un viejo proverbio dice que si una persona no sabe sonreír, jamás debería abrir una tienda.
¿Y es que uno no tiene derecho a estar triste? Claro que sí, sólo que como fruto de una vida llena del Espíritu Santo, nos gozamos. ¡Ponte lindo y gana más! ¡Alégrate! ¡Sonríe!
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.