(1 Pedro 2:9).
Cuando la Academia Latina de Las Artes y Ciencias de la Grabación distinguió a Juan Romero con un “Latin Grammy” a la excelencia musical le pregunté en una entrevista radial, minutos antes de viajar a las Vegas a recibir su premio, qué evocaba cuando escuchaba la expresión: No vale tres maníes.
Y Juan, quien en ese momento tenía más de 65 años de trayectoria musical y ministerial y a quien le han dado todo tipo de distinciones y premios en el mundo entero, comentó en tono muy sincero que esas palabras fueron las que marcaron su vida negativamente durante mucho tiempo.
“Ese Juan no vale ni tres maníes” fue lo que escuchó cuando era niño que una profesora le decía a otra refiriéndose a él, y sin percatarse de que él estaba cerca y podía oír.
Esas descuidadas palabras “No vale tres maníes”, que inclusive son el título de su autobiografía, lo marcaron como con un fierro caliente de manera horrible.
Esa expresión dañó su autoestima cuando él era apenas un niño mexicano pobre y sin aparente futuro.
Pero gracias a la misericordia de Dios y a la sanidad que éste hizo en su mente y espíritu, Juan pudo levantarse de ese lodo que lo acomplejó durante muchos años y hacer todo lo contrario de lo que le hicieron a él.
Sí, Juan Romero ha marcado positivamente la vida de millones de personas en todo el mundo que lo han visto y seguido por radio, televisión, libros, grabaciones y en persona.
Ha sido un honor para mí ser su compañero de trabajo, su amigo y su hermano en la fe.
Tal vez nadie te lo diga, pero la verdad es que todos los seres humanos nos morimos de ganas por ser reconocidos y hasta admirados.
Y no necesariamente a nivel masivo, sino a nivel familiar, académico o laboral.
¡Nuestra alma requiere permanentemente de palabras de amor y aceptación!
La esposa anhela escuchar de su marido esas palabras. Al esposo también le urge oírlas de su mujer.
El niño que va a jugar fútbol puede ver la tribuna repleta de padres de familia, pero a él sólo le interesa ver dos caras: la de papá y mamá.
Un afamado cantante puede ser halagado en todos los escenarios, pero si su propia familia no lo aplaude, se sentirá un fracasado.
En el libro El Cantar de los Cantares de la Biblia uno lee admirado las flores que los esposos se dicen mutuamente, porque ciertamente se acarician con sus palabras.
Tomemos ese detalle como ejemplo y admiremos al ser amado, elogiémosle, aprobémosle y hagámosle sentir seguro y sano emocionalmente.
El Padre Eterno debe ser nuestra inspiración, pues él mismo nos levanta la autoestima en 1 Pedro 2:9 declarando sobre nosotros cuatro hermosas afirmaciones:
«ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa y pueblo que pertenece a Dios«.
Claro, esas palabras están dirigidas primariamente a la nación de Israel, pero por extensión y a nivel espiritual también nos tocan a nosotros los cristianos.
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.