(Juan 16:33).
Después que su papá lo besó y salió hacia su trabajo Andrés se quedó con cara de disgusto sentado a la mesa. Estaba tan frustrado que le expuso a su madre su queja:
– Pienso que mi papá me mintió, porque ayer me llevó a recorrer la fábrica y me dijo que todo lo que estaba allí era mío, que algún día yo dirigiría la empresa. Pero ahora se ha ido a la oficina sin mí y yo debo irme a la escuela. No entiendo mamá.
– Andrés, efectivamente tú eres el dueño, pero para asumir el control de la empresa debes prepararte, terminar la escuela y crecer. Ya llegará el momento en que tomarás posesión de lo que tu padre y yo hemos ganado para ti. Ten paciencia.
Lo que le sucedió a Andrés con su papá le ha pasado también a grandes héroes de la Biblia tales como Moisés, Josué, Pablo y muchos más. El Padre celestial que ya estaba instalado en el futuro les anticipaba que efectivamente tendrían la victoria, mas no les daba los detalles del camino que deberían recorrer hacia esa victoria.
A Moisés Dios le dijo que sacaría a la nación de Israel de Egipto, mas no le describió lo de las 10 plagas y la oposición de Faraón. A Josué le expresó que tomaría posesión de la tierra prometida, mas omitió los pormenores de las batallas y del derribo de los muros de Jericó.
A Pablo le dijo que iría ante el mismo César a testificar de su fe, mas no le anticipó lo del encarcelamiento, el naufragio y otras vicisitudes. A nosotros, Dios nos ha asegurado el triunfo en cada circunstancia terrenal y la victoria final en el cielo, pero sin los detalles de las luchas diarias. Y lo puede hacer porque Él está mirando nuestras vidas desde el futuro, en tanto que nosotros venimos del pasado, estamos en el presente y vamos hacia un futuro desconocido, aunque confiados en que Él ya está allí esperándonos.
El Señor no miente. Él sabe el final y que somos vencedores. ¡Avancemos con actitud ganadora! Cristo nos advirtió que en el mundo tendríamos aflicción, pero que confiáramos porque Él ya había vencido al mundo. Aunque Jesús nunca prometió una vida fácil, sí aseguró que estaría con nosotros y ganaríamos.
Es como en las películas que comienzan por el final mostrando al triunfador, pero dejando la intriga de cómo fue que venció, motivo por el cual uno tiene que verse todo el filme. Y en la vida cristiana el saber el final, pero el no saber “cómo” se da ese final, es lo que le da emoción y desarrolla la fe.
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Tomado de:
«Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.