Bueno es el cilantro, pero no tanto.

(Proverbios 25:16-17).

Es importante aprender a diferenciar el uso del abuso, pues si una persona no es delicada en sus relaciones interpersonales fácilmente se ganará el rechazo de los demás.

El sabio Salomón fue consciente de este problema que padecen muchos individuos y que por desgracia ni ellos mismos se dan cuenta de que lo tienen.

Es por ello que el libro de Proverbios en la Biblia aconseja que si has hallado miel, comas sólo la suficiente, y no te hartes ni te empalagues, no sea que en lugar de disfrutarla termines por vomitarla, te enfermes y hagas de una experiencia que debió ser agradable, algo muy desagradable.

Y aplicando esta enseñanza a las relaciones humanas, acto seguido, Salomón agrega que no estés visitando de continuo a tu vecino, no sea que hastiado de ti termine por odiarte. Que en lugar de decir:

“¡Oh! ¡Qué bueno que ahí viene mi vecino, que agradable recibir su visita”.

Diga todo lo contrario:

¡Ay no! Otra vez el pesado de mi vecino. Por Dios, es que no tiene nada más que hacer que andar molestándole la vida a los demás. No vayan a abrir la puerta, apaguen el televisor y no hablen, a ver si se cansa de tocar y se va”.

Un viejo refrán popular dice que hay personas a las que se les da la mano y se toman todo el codo.

Y es una lástima que ellas mismas, por su falta de prudencia, terminen siendo indeseables, que nadie se las quiera encontrar, o atenderles una llamada, o recibirles una visita.

¿No sería mejor dejar a los demás con deseos de seguir conversando con nosotros en lugar de marearlos con tanta palabrería?

¿No sería mejor hacerles a los vecinos y amigos llamadas y visitas breves para que no se fastidien con nosotros?

Por supuesto que sí. De manera que si Dios nos da la oportunidad de encontrar personas amables, que están dispuestas a hacernos favores, a atendernos la visita y a recibir nuestras llamadas, no las echemos a perder.

Amigos así hay que cuidarlos, en lugar de espantarlos. Como dicen los cocineros: bueno es el cilantro, pero no tanto.

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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

 

Cómo fue que una perra cautivó el corazón de mi padre.

(Proverbios 18:24).

Terminada la cena la familia entera pasó a la sala a ver la televisión, pero como la energía eléctrica se fue en todo el barrio, el momento se hizo propicio para conversar bajo la luz de una pequeña vela colocada sobre un plato en la mesa de centro. Y fue en ese día y en ese lugar que Luis Alberto les confesó a sus hijos y  a su esposa cómo fue que una perra cautivó su corazón.

“Mi primera profesora de relaciones humanas no fue la de la escuela primaria, sino una perra de la televisión, se llamaba Lassie. Era una ejemplar canina de la raza Collie que nos divertía todas las tardes. Tan pronto terminábamos de hacer las tareas escolares nos tirábamos al piso a ver en la televisión, que en esa entonces era en blanco y negro, las aventuras de este animalito que era genial. Y recuerdo que un día, cuando terminó uno de los capítulos de la serie, mi mamá apagó el televisor y nos dijo por qué le gustaba mucho que Lassie fuera nuestra profesora en la casa, porque esa mascota sí sabía lo que era la amistad.

En primer lugar porque era muy fiel a su amo, no lo abandonaba ni lo traicionaba.

En segundo lugar, porque no se iba a la calle a andar con otros perros sin permiso, sino que esperaba a que su dueño la sacara a pasear.

En tercer lugar, porque era afectuosa, siempre que venía su amo le demostraba su cariño moviendo la cola, brincando y ladrando, actitud que es muy diferente a la de los hijos y amigos que no expresan su amor, que cuando llega el papá a la casa ni siquiera van a saludarlo y a preguntarle cómo le fue.

En cuarto lugar, porque cuando veía un peligro, avisaba, en lugar de quedarse callada esperando que el mal viniera sobre las personas. Un amigo verdadero no es el que se tira con uno al peligro, sino el que nos advierte sobre las consecuencias del mismo.

En quinto lugar, porque cuando el amo u otra persona estaban en aprietos, Lassie les ayudaba o salía corriendo a buscar la ayuda de otros, en lugar de quedarse mirando y gimiendo.

En sexto lugar, porque se comía todo lo que le servían sin estar criticando o renegando.

Y en séptimo lugar, porque divertía sanamente a sus amigos de todo el mundo, no tenía que hacer locuras o estupideces para ganarse su aprecio.

Bueno, ya les confesé cómo fue que una perra se robó el corazón de papá”.

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