El cenicero de Dios.

(Levítico 6:8-11).

Posiblemente la primera figura que se forme en tu mente al escuchar que Dios tiene un cenicero sea la del recipiente donde los fumadores sacuden las cenizas de sus cigarrillos. Pero como Dios no es un fumador, entonces tenemos que pensar que es un depósito de cenizas en general, y eso está más acorde con la idea que deseo transmitirte.

Las cenizas son mencionadas varias veces en la Biblia por motivos como los del duelo, la humillación y la destrucción total. Pero cuando se citan en el libro de Levítico, se hacen en el contexto de los holocaustos, ya que eran los restos de los sacrificios de animales que se quemaban en el altar para el perdón de los pecados del pueblo judío.

Esas cenizas se ponían junto al altar y después se llevaban fuera de la ciudad. Ellas eran la prueba de que alguien había pecado, se había arrepentido, había ofrecido un sacrificio y había sido perdonado. La pregunta ahora es: ¿Guarda Dios las cenizas de los pecados que nos ha perdonado? De ninguna manera, esos pecados perdonados ya no existen, han desaparecido, no queda ni rastro de ellos, ni siquiera en las computadoras del cielo.

Cuando hablo del cenicero de Dios estoy usando una metáfora, un recurso literario para expresar de manera ilustrada y más pedagógica lo siguiente:

“Todas las veces que Dios apunto en un papelito que se iba a reunir contigo, para que conversaran, pero tú no llegaste a la cita, Él entonces rompió ese papelito y lo quemó.

Todas las veces en que Dios escribió en un papelito que tú le ibas a orar diciéndole que se hiciera su voluntad y no la tuya, pero finalmente te la pasaste exigiéndole que hiciera la tuya, Él entonces rompió ese papelito y lo quemó.

Todas las veces en que Dios escribió sus planes diarios para ti en un papelito, pero tú no te interesaste en conocer esa voluntad porque estabas ocupado en tu propia agenda, Él entonces rompió ese papelito y lo quemó.

Todas las veces en que Dios escribió en un papelito las palabras lindas de adoración que quería escuchar de tus labios, pero que tú no dijiste porque preferiste elogiar a otra persona, Él entonces rompió ese papelito y lo quemó.

Y en su cenicero sólo hay cenizas, porque no te tiene reclamos. Pero si está esperando que cada día haya menos papelitos para romper y quemar”.

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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.