Jan 27

 

(Juan 14:8-9).

Si uno le quiere preguntar a una persona en inglés cuántos años tiene y lo hace traduciendo palabra por palabra, la pregunta le queda así: “¿how years you have?”, lo cual se supone que dice: “¿cuántos años usted tiene?”.

Pero la verdad es que eso suena tan gracioso como cuando alguien dice: “Yo tengo caliente”, en lugar de decir: “tengo calor”. La forma correcta de preguntar la edad en inglés es: “¿how old are you?”. Y así, las reglas gramaticales en cada idioma deben ser respetadas para ser entendidos y para que no se burlen de nosotros.

Jesucristo, cuando hablaba a la gente tenía una forma peculiar de hacerlo, violentando “aparentemente” las reglas de la gramática.Por ejemplo, en Juan 7:34 se le ha traducido así:

“Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir”.

Aunque en el griego original lo que en realidad Jesús dijo fue:

“Me buscaréis, y no me hallaréis, y donde Yo estoy, vosotros no podéis ir”.

En otra ocasión dijo:

“Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis”. (Juan 8:49).

Cuando se supone que si estaba hablando del Padre Celestial debería decir: lo deshonráis”, en lugar de “me deshonráis”.

En otro lugar más Jesús expresó:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Pero se supone que si está hablando del Padre no debería decir “nadie viene al Padre”, sino “nadie va al Padre”.

Y estando en la cruz del calvario no cometió un error gramatical sino de fechas, aparentemente, pues le dijo al ladrón arrepentido:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”, (Lucas 23:43), cuando se supone que debió decirle: “nos vemos dentro de tres días en el paraíso”, puesto que Él iba a resucitar al tercer día.

En fin, lo cierto es que los “aparentes” yerros de Cristo en la gramática y en las fechas tienen una explicación: Él es el Padre. Sí, Jesucristo es Dios, y al ser Dios Padre pudo darse el lujo de hablar como lo hizo. Señoras y señores: “Jesucristo no era un simple ser humano, Él es el único y verdadero Dios”.

Cristo jamás cometió errores gramaticales, lo que pasa es que es Él era el único ser que podía hablar de esa manera, porque Él es el Padre, por eso podía decir “nadie viene al Padre”, en lugar de “nadie va al Padre”, porque Él es el Padre, Él es el camino a Él mismo

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“Devocionales en Pijama”
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Jan 26

(Salmos 150).

Si eres de los que piensa que para adorar a Dios hay que leerse dos tomos de teología sistemática, o devorarse un diccionario de la lengua, o componer poemas como Rubén Darío o tocar el piano como Richard Clayderman o cantar como Steve Green, estás muy equivocado.

Porque no es la forma, el estilo y la instrumentación de la adoración lo que enternece el corazón de Papito Dios, sino la actitud del adorador, pues una buena actitud trae como consecuencia una buena acción.

Si lo que deseas es adorar a Dios con todo tu ser sólo necesitas recordar algo sencillo: “la adoración no se hace, se AASE”.

La primera “A” nos habla de agradecimiento. Una persona con la actitud de querer dar gracias al Señor por todo lo que le ha dado y por todo lo que no le ha dado, es decir, de lo que le ha librado, es una persona que ya está enchufada con el corazón de Dios, pues la gratitud le permitirá ver la bondad de Dios hasta en la respiración y lo que se come.

La segunda “A” nos habla de alabar, de elogiar, de reconocer los méritos o hazañas de alguien. De manera que cuando queremos adorar a Dios debemos pensar en dos cosas: lo que es y lo que hace. Los atributos de Dios tales como ser omnipotente, omnisciente, omnipresente, amoroso, justo, santo, bueno, misericordioso, perdonador y muchos más son suficientes para adorarle, sin embargo tenemos que considerar también todas sus grandes obras, tales como el universo, la vida humana, la obra redentora de Cristo, etc.

La “S” nos habla de sometimiento, de obediencia. Para Dios es mucho más importante la obediencia que los sacrificios o la excelencia de la música y la oración para Él. Si hemos de cumplir sus mandamientos debe ser no por miedo al castigo, sino por amor a Él y como un acto de adoración. Amarlo es obedecerlo, es renunciar a la rebeldía.

La “E” nos habla de enamoramiento. Un corazón enamorado es un corazón enternecido que en ocasiones ni siquiera necesita de palabras bonitas o formas rebuscadas. Quien se postra ante el Señor lleno de amor puede aún estar en silencio derramándose a sus pies.

Si de veras quieres adorar a Dios en espíritu y verdad, recuerda cómo se “AASE”

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Jan 25

(Hebreos 4:14-16)

Una de las bondades que tiene la terapia de grupo es que cada uno de los asistentes puede sentir que no es el único ser sobre el planeta que vive una situación en particular, sino que otros seres humanos también están pasando por lo mismo o ya lo pasaron y eso le trae gran alivio y consuelo.

Pero la terapia grupal no sólo ayuda en eso, sino que también permite compartir experiencias y dar y recibir lo que es bueno y lo que es malo, para así saber qué conviene aplicar y qué conviene evitar a fin de lograr mayores éxitos.

Es por eso que cuando requerimos ser entendidos por alguien nadie mejor que uno que ya haya pasado por lo que nosotros estamos pasando, a ese sí que le podemos abrir el corazón, porque va a entender cabalmente de qué es que le estamos hablando.

Así es que si te has sentido traicionado por alguien muy cercano, cuéntale de eso a Jesucristo, Él sabe de qué le estás hablando, Él lo vivió con su amigo Judas.

Y si estás enfadado por causa de la gente que sólo te presta atención para ver dónde te equivocas y criticarte inmisericordemente, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siempre tenía entre sus oyentes a eminentes doctores que en lugar de querer ser edificados sólo buscaban ocasión para descabezarlo.

Y si has pasado por hambre y sed, y el sol te ha azotado, y los talones de los pies se te han rajado de tanto andar, y la arena del desierto ha espesado tu saliva y el sudor te ha corrido por la espalda y no has tenido donde recostar tu cabeza, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siendo Dios, dejó su trono de gloria y vino a este mundo a vivir cada uno de esos episodios.

Él sabe lo que es tener que responder cada semana por el mantenimiento de 13 familias, las de sus 12 discípulos y la suya. Él sabe lo que significa ser tentado no después de 10 días de ayuno, ni de 20, sino de 40, cuando la vista se te nubla, los huesos se pronuncian, los pómulos se brotan, la cara se alarga y un mínimo esfuerzo te produce mareo.

Él sabe lo que es pasar por la muerte más terrible, ver a los discípulos esconderse por miedo y después regresar a sus tareas habituales como si la experiencia de tres años con Él no hubiese significado nada. Pero también Él sabe como resucitar en gloria. Así es que si quieres hablar con alguien, habla con Jesús, Él entiende

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Jan 24

(2 Corintios 1:19-20).

El payaso que animaba la fiesta llamó al primer niño al que debía entregarle su regalito, pero en lugar de dárselo, le preguntó:

-            ¿Cuál es el animal que come con la cola?

-            No sé – respondió el niño

-            Pues todos, porque ninguno se la quita para comer – y todos rieron – Otra oportunidad, ¿cuál es el animal que tiene los hijos con la patas?

-            No sé – dijo el chico

-            Pues el pato – y todos volvieron a reír – Y la última a ver si te entregamos tu regalo, ¿cuál es el animal que duerme toda la noche con el foco prendido?

-            No sé

-            Pues la foca – Y no paraban de reír. Entonces el niño tomó el micrófono y preguntó:

-            ¿Y dime tú payasito, cuál es el animal que tiene unos zapatos grandes que lo hacen caminar muy chistoso, una nariz grande y es tacaño y no da ningún regalo?

El payaso, temiendo lo peor tragó saliva y con la voz mucho más aflautada dijo:

-            No sé

-            Pues el pingüino, porque sus zapatos son unas grandes aletas, su nariz es grande y cuando llega la hora de los regalos nada por aquí y nada por allá, por ser acuático.

Cuando todos reían, el payaso respiró aliviado y dijo entusiasmado:

-            Ahora vengan todos los niños a reclamar sus regalos. El papá del cumpleañero los ha comprado para ustedes, de manera que venga el hijo y entréguelos por favor, porque el hijo es el único autorizado para darlos, nadie más. Y ningún niño se puede ir sin regalo, ninguno. ¡Ven capullo y reclama lo que es tuyo!

Lo acontecido en esta fiesta es una perfecta ilustración de lo que sucede espiritualmente en la vida cristiana, pues el Padre tiene muchos regalos para nosotros, pero Jesucristo, el Hijo, es el único autorizado para darlos. Ven a Él. ¡Ven capullo, y reclama lo que es tuyo!

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Jan 23

(Hechos 17:16-23)

En esta iglesia cristiana no solo se leen las cartas y se hacen riegos los días lunes, sino que también se leen las excretas humanas y se saca sangre los martes. Se practican invocaciones espirituales los miércoles. Fabrican santos gratis y a medida los jueves.

Ven cine gratis los viernes. Hacen fiestas con mezclas musicales, comida, bebida y desnudos los sábados. Y practican aeróbicos y hacen reparaciones en su taller los días domingos.

Esto suena tan curioso como les sonó a los atenienses el que el apóstol Pablo les dijera en el Areópago que el Dios no conocido y al cual le tenían un monumento, era el que él les anunciaba, un Dios que vino a la tierra, murió, resucito y ahora está preparando su retorno.

Claro, toda la ciudad de Atenas, que era especialista en oír o decir algo nuevo, colmó el lugar para escuchar al nuevo orador. Si hubiesen existido emisoras de radio, canales de televisión y prensa escrita, seguro que allí estarían.

Este Pablo era un gran comunicador, y aunque nunca se atrevió a tocar ni una tilde ni una jota del mensaje de Cristo, sí cambiaba todas las tildes y jotas que fueran necesarias para ser efectivo en la estrategia comunicativa de ese mensaje.

Por eso cuando le hablaba a un judío lo hacía como judío. Cuando le hablaba a un griego lo hacía como griego. Y cuando le hablaba a un romano lo hacía como romano. Inclusive hasta se cambió el nombre de Saulo por el de Paulus, que es latino, para moverse mejor como ciudadano romano.

Y si viviese hoy en día lo veríamos en Facebook, Twitter, Skype, usando mensajes de texto y chateando. No debe asustarnos entonces el que una iglesia cristiana se anuncie en el periódico local de manera diferente.

Los lunes sí leen las cartas, las del Nuevo Testamento, y hacen riegos, porque el pastor es ingeniero agrónomo. Los martes leen las excretas y sacan sangre, porque la esposa del pastor es bacterióloga y sirve a la comunidad.

Los miércoles en la reunión de oración es cuando invocan al Padre en el poder del Espíritu Santo. Los jueves hay enseñanza bíblica, para fabricar o edificar a los santos. Los viernes hay cine evangelístico.

Los sábados los jóvenes tienen música, comida rápida y tiempo de oración donde se desnudan espiritualmente delante de Dios.

Y los domingos una gran reunión donde ejercitan sus almas y son reparados en el taller del maestro Dios.

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Jan 20

(Juan 17:20-23).

Al observar por ejemplo el reino animal y dentro del reino animal solamente la categoría de las aves uno se sorprende de la gran variedad de especies que existen, con diferentes formas del cuerpo, patas y picos; y diferentes tamaños, colores, texturas y sonidos que emiten.

¡Increíble! ¡Qué gran artista es nuestro Dios creador! El universo no tiene nada de monótono. Dios no es un aburrido que hace todo igual y en blanco y negro, no.

¿Por qué entonces los cristianos tienden a ser todos iguales, a hablar igual, a orar igual, a vestirse igual, a peinarse igual, a predicar igual? ¿Será pecado ser diferente?

Sí, es pecado, pero no un pecado bíblico, sino cultural, por violar una costumbre, no un mandato bíblico. Dios nunca pidió que los cristianos fuésemos iguales, lo que sí pidió encarecida y repetidamente fue que estuviésemos unidos.

El Señor quiere la unidad de su iglesia, no la uniformidad. Y si los cristianos nos clonamos, nos volvemos aburridos, monótonos, rutinarios y repetitivos no es por culpa de Dios, sino de la cultura religiosa, de la costumbre, de los hábitos, de imitar lo que vemos y oímos en los demás.

Jamás a una persona se le lleva a un salón de una iglesia y se le dice:

“Por favor, escribe en tu cuaderno estas palabras que son las que de ahora en adelante vas a usar siempre y así poder matar tu creatividad y asesinar el buen uso del castellano: amén, gloria a Dios, para la honra y gloria del Señor, cuántos están gozosos, levanta tus manos, dile al que está a tu lado, y a su nombre, quién vive, repite conmigo, cierra tus ojos, en esta preciosa mañana, oh mi amigo y hermano, qué tremendo, santo, es maravilloso, qué glorioso, etc.”

No, en las iglesias nunca se obliga a que los nuevos sean clones de los viejos, lo que pasa es que las costumbres y formas religiosas se aprenden sin querer debido a que se hacen muy repetitivas, rutinarias y automáticas.

Y los nuevos cristianos piensan que aprender la cultura evangélica es ser más espirituales, pero es todo lo contrario, lo que hacen es anular la singularidad que el Señor les ha dado.

Un expositor contaba que cuando por primera vez él y sus compañeros marcharon en el ejército, fue un desastre. El general entonces ordenó cerrar los ojos y guiarse sólo por su voz. Cuando los abrieron estaban todos derechitos. ¿Por qué? Porque dejaron de mirarse entre ellos y siguieron su voz

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Jan 19

 

(1Pedro 2:2; Romanos 7:7-25).

 El consejo del apóstol Pedro en 1Pedro 2:2 es que deseemos como si fuéramos niños recién nacidos la leche espiritual (la Palabra de Dios) para que por ella crezcamos para salvación. Y la tesis pareciera ser que si me porto bien y crezco, pudiera salvarme.

La salvación viene entonces como una recompensa por tratar de ser santo. Es como si Pedro nos mirara fijamente a los ojos, nos señalará y dijera amenazante:

“Oye, si creces espiritualmente te salvas, sino creces, te vas al infierno.

 ¡Ni esperanza de salvarnos! Pues ningún ser humano es capaz de hacer los méritos para lograrlo. Fue por ese motivo que Jesús vino a cumplir la Ley, ya que ningún humano había podido cumplirla ni podría. Y Él la cumplió a nombre nuestro y luego dio paso a otro sistema de salvación: La Gracia.

Implícitamente Él estaba tiernamente diciendo:

“Mira, Moisés hace 1500 años trajo toda la Ley con sus 613 mandamientos para que trataran de cumplirla y así se salvaran. Pero no han podido ni podrán. Mas no se preocupen, yo ya lo sabía, sólo que debía probárselo a ustedes mismos. Ahora voy a cumplir toda la Ley a nombre de ustedes y luego les regalaré la salvación, sólo por creer en mí.”  

¡Uf qué alivio! Qué tranquilidad para los que nos identificamos con Pablo cuando dice que él desea hacer lo bueno, pero no puede, y que lo malo que no desea hacer, eso es lo que hace. Su conclusión entonces es que es un miserable, que hay dentro de él una fuerza superior a él mismo (pecado) que lo esclaviza y lo obliga a hacer lo que odia (pecados).

Mas la gran noticia que nos da después es que Jesús ha vencido a ese pecado que vive en él y ha tomado el control de su vida para hacer lo que es santo. Jesús vino a salvarlo, por Gracia, y luego lo dotó de la capacidad para vivir en santidad.

La Ley le decía lo que debía hacer, y al no poder, lo condenaba. La Gracia le dio la salvación y luego la capacidad para la santificación.

La Gracia no es un pasaporte para pecar, es un regalo que no mira el comportamiento, sino que se da para moldear el comportamiento.

No me porto bien para salvarme, sino que me salvo para poder portarme bien, como lo dice la expresión griega “Eis soterian” que está en 1 Pedro 2:2, y la cual debe traducirse “crezcamos en la salvación” en lugar de “crezcamos para la salvación”.  No es crecer para salvarme, sino salvarme para crecer.

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Jan 18

 

(Romanos 10:9).

En sólo 300 años los cristianos se apoderaron del imperio romano, sin tener templos, pues los templos eran sus cuerpos físicos, sin sacerdotes, pues cada discípulo era un sacerdote, sin armas ni ejército, pues sus armas eran espirituales, sin grandes bandas de músicos ni famosos oradores, pues todos alababan y predicaban, y sin dinero ni grandes industrias religiosas, pues la mayoría eran personas del vulgo sin riqueza y sin alcurnia. ¿Cuál fue entonces el secreto de esos cristianos de los tres primeros siglos de esta era?

El secreto fue que estaban enfocados en la fe en Jesucristo y no en los accesorios de la misma. Su fe aunque era demasiado elemental también era muy fuerte, a tal punto que morían por ella en el circo romano siendo devorados por leones.

La relación personal que cada uno desarrollaba con Jesucristo, a través del Espíritu Santo, era tan vigorosa que no les era imprescindible tener templos, sacerdotes, banda de músicos o un orador que les extasiara con su elocuencia. Era tan simple la fe que para bautizarse bastaba con arrepentirse de sus pecados y confesar públicamente que Jesucristo era el amo de sus vidas.

No fue sino hasta el siglo IV que apareció el Credo Apostólico como fórmula para que los cristianos no se dejasen engañar por falsas doctrinas:

“Creo en Dios Padre Todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra; Y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, quien fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de pecados, la resurrección de los muertos, y la vida eterna”.

¡Qué fe tan sencilla! Y con ella socavaron las bases del imperio romano que ha sido el más grande de la humanidad. Esa es una fe en lo esencial y no en los accesorios. Eso es depender del Señor con fervor, con hambre y sed de Él.

No es suficiente con tener fe, hay que saber “en quién tengo esa fe”, y el cristiano debe depositarla en lo principal, en Jesucristo y en su Palabra. Di como el salmista: “El Señor es mi pastor”. Y jamás se te ocurra decir: “El pastor es mi señor”.

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Jan 17

 

(Proverbios 1:10).

Hay muchos viajes en la vida en los que uno no puede escoger con quiénes viajar, pues todo el que pueda pagar su pasaje podrá ir en el mismo medio de transporte. Pero sí podemos escoger cómo relacionarnos con esos compañeros de viaje.

Y esto no sólo se aplica a recorridos en tren, barco, avión o autobús, sino a trayectos en los que uno va hacia una meta definida en la vida y debe compartir espacio con otras personas poco deseables, llámense compañeros de estudio, colegas de trabajo, vecinos o familiares.

El hecho es que esos seres incómodos no se van a desaparecer ni se van a hacer invisibles. Allí están, allí estarán y con ellos, queramos o no, hay que compartir el itinerario.

Con humor se ha dicho que en el Arca de Noé el patriarca debió llevar tres pasajeros indeseables, pero al fin y al cabo eran huéspedes que habían hecho sus reservaciones. El primero de ellos era el pájaro carpintero, animalito al que le fascina hacer huecos en la madera.

¡Imagínense el peligro! Dónde se acomoda a un ser así que en lugar de ofrecer seguridad más bien nos invita a vigilarlo constantemente, pues en cualquier momento nos hace un hueco, se nos entra el agua y nos hundimos. Así hay personas, que en lugar de ser un punto de apoyo para impulsarnos y salir adelante, más bien nos picotean los planes y sueños y nos hunden en el desánimo.

El segundo animal es el mono, personaje este que cree que en la vida todo es fiesta, todo es juerga, que nada se toma en serio, que no se hacen planes, que no se tiene disciplina, que no se ahorra, que no se piensa bien en lo que se va a decir o hacer.

Y así hay individuos con los que viajamos en la vida, que en lugar de animarnos a subir más y más, por el contrario nos invitan a resbalarnos desde la altura que hemos alcanzado sólo para disfrutar el vértigo de la caída. Y no les importa que otra vez tengamos que empezar a escalar desde cero, ya que tan pronto nos elevamos un poco, otra vez nos incitan a tirarnos.

Y el tercer animal es la serpiente, que siempre viene a indisponer a todos para que sean rebeldes. Que si Noé dice negro, todos deben gritar blanco.

Y así hay gente, es la que siempre propone negocios torcidos y rebeldía sin motivo. Recibamos entonces el consejo del sabio Salomón en la Biblia: “si no puedes evitar a los pecadores, pues no los consientas, sé firme y ponlos en su sitio”.

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Jan 16

 

(Colosenses 3:22-23).

El “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, del pintor austriaco Gustav Klimt, fue vendido en el año 2006 en 135 millones de dólares y se constituye en la tercera obra pictórica más costosa del mundo. El primer lugar lo tiene “Number 5, 1948”, de Jackson Pollock, pintor estadounidense, cotizada en 140 millones de dólares.

Estas son cifras astronómicas que demuestran lo que puede llegar a costar un trabajo bien hecho y la firma en el mismo de quien lo hizo. Son obras de arte que llevan tres o cuatro años realizarlas y que no se hacen en serie, sino una sola vez, por lo cual el artista renuncia a hacer otras que le sean similares, para que la originalidad les dé mayor valor.

Así es como Dios, el gran artista del universo, hace con cada ser humano, lo realiza único e irrepetible, aunque luego haya obras que renieguen de sí y quieran parecerse a otras, perdiendo el inmenso valor de su individualidad, de ser originales, y no simples copias mal hechas de otras.

Un asesor empresarial acostumbraba a decirle a sus oyentes lo siguiente durante sus conferencias:

“Así como los grandes artistas tratan a sus obras como si fueran hijos, así ustedes deben hacer sus trabajos, como si fueran sus hijos. Una obra es una extensión de su creador, la obra dice mucho de quien la ha hecho, dice si su artífice era excelente, bueno, mediocre o malo.

Es su obra la que da testimonio de él, y lo seguirá dando aún cuando el artista ya se haya muerto. Cuando un gran maestro da por finalizada una obra no sólo sabe que ha dado a luz un hijo, un fruto de sus entrañas, de su ingenio, esfuerzo y dedicación, sino que sabe también que acaba de renunciar a hacer otra exactamente igual, porque si no su trabajo perdería el valor de ser original.

El mejor consejo que le puedo dar a un fabricante, a un distribuidor, a un vendedor, a un operario o empleado, es el que hace dos mil años le diera un apóstol a sus discípulos en la Biblia.

Él les dijo a los cristianos que vivían como esclavos en su tiempo que no trabajaran sirviendo al ojo, es decir, haciendo las cosas bien sólo cuando el amo los estaba mirando, sino que lo hicieran como si sus trabajos fueran para Dios.

Si usted hace cada trabajo como si fuera para Dios, como si fuera su gran obra, única y original, y además con la mejor actitud, calidad, costo y cumplimiento que le sea posible, tenga la seguridad que será el rey en su área laboral”.

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