Apártate de mí, porque me eres tropiezo.

Sueltame

(Mateo 16:15-23).

 ¿Será posible que un cristiano reciba una gran felicitación y se sienta dichoso por una excelsa obra que acaba de hacer o un magnífico discurso que acaba de dar y acto seguido tenga que ser reprendido por dejarse usar por el mismo diablo?

¡Oh sí! Por supuesto. Y eso le aconteció al apóstol Pedro en la Biblia. En Mateo 16:15 Pedro acaba de dar una enorme enseñanza cristológica al contestarle de manera brillante una difícil pregunta a Jesús: “¿Y para ustedes quién soy yo?”

Los discípulos le han referido al Señor lo que dicen las personas en la calle acerca de él, pero Jesús los confronta al preguntarles que piensan ellos de su maestro. Es allí donde Pedro declara una frase que en teología se considera la piedra angular de la fe cristiana: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Esas breves palabras de Pedro son el fundamento, la roca sobre la cual Jesús edificó su iglesia. Es por ello que Jesús lo aprueba y lo ensalza diciéndole que es dichoso, que eso que acaba de decir no se lo reveló ningún mortal, sino el mismo Padre celestial. Y luego le añade otras frases elogiosas.

Imagínense la carita de Pedro, honrado delante de todos, sacando pecho, feliz, con la máxima nota en teología. Pero unos versículos adelante Jesús le pega un regaño que lo deja frío, tieso. ¿Qué pasó? ¿Dónde falló? ¿Será verdadera la frase de que el éxito es más peligroso que el fracaso? ¿Se le subieron los humos al apóstol?

Lo que pasó fue que Pedro trató de convencer a Jesús de que evitara a toda costa los sufrimientos de ser azotado, ultrajado y crucificado cruelmente. Y esas palabras que sonaban muy tiernas y bien intencionadas eran ni más ni menos que las de Satanás. Aunque las hubiera dicho Pedro, el apóstol y aventajado teólogo.

Sí, el diablo estaba usando a Pedro, sin que él fuera consciente, para evitar que Jesús muriera en la cruz y luego resucitara, puesto que esa era la única manera de darle al ser humano perdón de pecados, salvación del alma y vida eterna en el cielo. En pocas palabras, si Jesús no iba a la cruz, todos iríamos al infierno.

Por eso el regaño de Jesús a Pedro fue diciéndole que se apartara de él, ¿por qué? Porque le era tropiezo. ¿Y por qué el “buenito” de Pedro cayó en la trampa de dejarse usar por el diablo? La respuesta es clave y muy importante. Jesús le dijo: “porque no pones tu mente en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

Atención con esto: “el diablo no tiene ningún reparo en darte éxito, fama, fortuna, o lo que sea, aún a nivel religioso, si con ello logra que no pongas tu mente en los planes de Dios para tu vida, sino en los de los hombres, o en tus propios planes”.

¡Cuidado! Es peligroso escuchar a un hermoso y tierno apóstol como Pedro diciéndote al oído, o profetizándote, que no tomes el arduo camino que Dios te ha señalado, sino el del éxito humano, porque eres hijo del Rey. No erremos, hagamos siempre la voluntad de Dios, no la de los hombres.

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¡Es que me da una rabia con Dios!

(Jonás 4:1-11).

La historia del profeta Jonás deja una gran lección a aquellos que se enojan con Dios de manera terca, rebelde. Sí, como Jonás hay muchos que se enfurecen con el Señor y lo obedecen de mala gana, haciendo las cosas a su manera y no a la manera de Él. Y orando en contra de su voluntad, esperando que el Padre cambie no en un curso de acción, sino en su carácter mismo.

Y claro, como Dios nunca cambia en su carácter sino que es el mismo ayer, hoy y por los siglos, entonces no les responde afirmativamente a aquellos que le invocan para que satisfaga sus caprichos. Y como consecuencia de ello viene el coraje, el acusar a Dios de injusto y hasta de desobediente. ¡Qué tal, los patos tirándole a las escopetas! ¿Acaso no somos nosotros los que debemos obedecer a Dios?

Dios mandó a Jonás a predicar a la ciudad de Nínive para que les dijera que Él iba a destruir ese lugar con sus más de 120 mil habitantes. ¿Y qué hizo Jonás? Salió huyendo en sentido contrario. Igualito a aquellos a quienes se les dice que no hagan algo, y al otro día eso es lo primero que hacen. Este profeta tozudo tuvo que ser devorado por un gran pez y estar en su vientre tres días para que se arrepintiera. Y luego de ser vomitado en tierra fue que decidió obedecer al Señor e ir a Nínive, ciudad que estaba ubicada en donde hoy está Irak.

Y aunque Jonás proclamó el anuncio del Señor lo hizo de mala gana, con dedo amenazante, sin misericordia y sin amor. Y después de cumplida la tarea se sentó distante a esperar la inminente destrucción.

Pero no hubo tal, porque todos los habitantes, desde el rey hasta el más humilde ciudadano, ayunaron, oraron, se arrepintieron y pidieron perdón al Padre. Y claro, la inmensa misericordia, el gran amor de Papito Dios, hizo que la acción de castigo se tornara en perdón. Y hay que prestarle atención a este punto, porque Dios no se arrepintió en el sentido de volverse por algo malo, pues en Él no hay maldad. Dios sencillamente cambió el curso de una acción, mas no su carácter.

Cuando la Biblia usa la palabra arrepentirse para Dios la usa como un “antropomorfismo”, es decir, como una figura literaria en la que se le muestra con una característica humana, para ser mejor entendido, como cuando se habla del brazo de Dios o la mano de Dios. Caso contrario al de Jonás fue el de Moisés, que clamó a Dios para que no destruyera a los israelitas desobedientes, para que Dios echara para atrás una decisión. Y claro, Dios cambió el curso de la acción, mas no su carácter. Pues Él realmente quería que Moisés actuara como intercesor, por lo cual le respondió afirmativamente a su pedido.

Pero en el caso de Jonás, el profeta se enojó tanto que pidió morirse, ya que le enfureció el que Dios no destruyera a Nínive sino que le expresara misericordia. Jonás no oró conforme al corazón de Dios, sino en contravía de su carácter. Y así muchos se enfurecen con Dios porque no mata a un mal vecino, o no le manda un cáncer a un jefe odioso, o no autoriza que alguien abandone a su esposa y se case con otra más joven y bella. Dios es Dios y Él nunca cambia, y Él es el que manda, nos guste o no. Y si algo vamos a pedir, debe ser conforme a su voluntad y carácter.

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Pero, ¿entiendes lo que lees?

estudiando

(Hechos 8:26-35).

A continuación un fragmento del correo de una dama a su sobrino en el extranjero:

“Y como veo que quedaste muy intrigado con aquello de que ahora soy un Felipe, te voy a explicar un poco más mi querido Augusto, para que no vayas a creer que tu tía se cambio de sexo. Cuando en el pasado correo te decía que me había convertido en un Felipe me refería a que ahora en nuestra iglesia hago parte de un grupo que se llama así, Los Felipes, y hace referencia a un cristiano que en el libro de Hechos se acercó a un hombre confundido que leía las Sagradas Escrituras pero no entendía nada, entonces Felipe le preguntó amigablemente si entendía lo que leía.

Cuando el hombre le dijo que no y le pidió que le explicara, Felipe le enseñó todo lo básico del evangelio de Jesucristo hasta el punto de bautizarlo y hacerlo un discípulo. Y eso es lo que hacemos los que formamos parte de este grupo llamado Los Felipes. Un Felipe puede ser un joven o un adulto, un hombre o una mujer, que tiene como misión ser un buen anfitrión, ocuparse de atender personalmente a aquellos nuevos que son de su mismo perfil y que llegan a nuestras reuniones y se sienten solos, aislados, confundidos.

Ahora te preguntarás por qué tu tía quiso hacer parte de ese grupo de Felipes. Por experiencia personal. A mí me sucedió que la primera vez que llegué a la reunión de la iglesia me sentí confundida, no entendía nada, la música estaba tan fuerte que me dolía la cabeza y para rematar no encontraba el baño.

Parecía una intrusa en fiesta ajena, como que ese no era mi lugar. Mientras todos los presentes se saludaban y formaban grupos pequeños, yo estaba atravesada allí como mosca en leche. Quería salir corriendo. Hasta que apareció Lucía, una de las Felipes, una mujer de mi edad y muy simpática.

Ella fue la que me llevó hasta el baño y después me ubicó en una silla lejos de los parlantes. Me ofreció su amistad y por los siguientes días, a través del teléfono y en algunos encuentros, fue la herramienta que Dios usó para que yo pudiera conocer de Jesucristo y de su amor.

Lucía es una de las fundadoras del grupo y se inspiró para crearlo no sólo en la historia bíblica, sino en la manera en que conoció a su esposo en una fiesta de la universidad, cuando él, al verla sola, se le acercó, le ofreció una silla, refrescos, comida, amistad… y el resto es historia”.

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La riqueza A positiva” y la riqueza A negativa”.

(Proverbios 10:22).

Los ricos también lloran fue una exitosa telenovela mexicana que se tradujo a muchos idiomas y que fue protagonizada por Verónica Castro, la mamá del cantante Christian Castro. En ella se mostraban las miserias que también viven las personas con grandes fortunas económicas, argumento que resultó muy llamativo en una sociedad como la mexicana, y también la latinoamericana, donde hay diferencias de clases abismales y donde en una misma zona conviven los de riqueza extrema y los de pobreza extrema.

La historia de los ricos miserables se sigue repitiendo vez tras vez a nuestro alrededor. Vemos por todos lados personas que amasaron un gran capital sacrificando en el altar de “Mamon”, el dios griego de la riqueza, a su esposa, sus hijos, su salud y su paz mental y espiritual. Y lo irónico es que después dilapidan su patrimonio tratando de recuperar dicha salud y tratando de unir las piezas de lo que ellos mismos rompieron.

El sabio Salomón escribió que hay una riqueza que es como la descrita anteriormente, que es miserable, que te cobra todo y luego se va y te deja peor que antes. Pero que hay también otra que es generosa, que es para disfrutarla con la esposa, con los hijos, con salud y paz mental y espiritual.

La primera es dañina, es del tipo “A negativa”, porque es la riqueza de la “A…flicción”. La segunda es beneficiosa, es del tipo “A positiva”, porque es la riqueza de la “A…legría”.

Salomón no ha dicho que todas las riquezas sean malas, no, sino que hay una que no viene con la bendición de Dios, que es de maldición, que es para división, para peleas, para muerte.

Y que en cambio hay otra que sí viene con la bendición de Dios, una que ha sido cosechada con honestidad e integridad de vida y que en lugar de dañar, destruir, dividir y matar, lo que hace es repercutir en bienestar para todos.

La bendición de Dios es la que enriquece y no añade aflicción con ella, porque nada se gana con preocuparse”.

Estas son palabras para esculpir en las oficinas de los gerentes de grandes compañías para que entiendan que no hay que ser aves de rapiña y empobrecer a los demás sólo para acumular más y más papel moneda.

E igualmente deberían grabarse en las celdas de aquellos que fueron a prisión por escoger el camino fácil del enriquecimiento rápido delinquiendo y dañando a los demás. Busca primeramente a Dios con tu corazón, y después, deja que sea Él quien siempre te prospere.

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Seamos mansos, no mensos.

(Mateo 10:16)

En las típicas telenovelas mexicanas la protagonista siempre es una mujer buena, llena de ternura y amor, y es por eso que siempre se la pasa llorando, lamentándose del daño que le produce la villana y soportando toda clase de vejaciones mientras se encomienda a un santo o una virgen para que le ayude.

Esta hermosa sufriente siempre llega a trabajar como sirvienta a la mansión de sus verdaderos padres, quienes la abandonaron cuando era niña, y en dicha casa es que conoce al amor de su vida quien la hace sufrir mucho más y le arruina la vida hasta el día en que se reconcilian, muere la mala y ella recibe la herencia millonaria de sus progenitores, a quienes finalmente puede perdonar.

Nunca se nos muestra a una mujer luchadora, de temple, que defiende sus derechos, que acude a la ley, que pone a cada quien en su sitio, que se respeta y se hace respetar. Nunca se hace millonaria porque se esforzó en superarse académica y laboralmente, sino porque lo heredó de sus ricos padres. Jamás se queda con su marido porque lo peleó, lo atrajo inteligentemente y lo reconvino a mostrar determinación en cuanto a defender su relación, sino que se queda con su pareja después de que éste le hace desplantes, se casa con la villana, se divorcia y luego la persigue a ella para recobrarla. No nos dejemos engañar, ser bueno no equivale a ser tonto. Ser bondadoso no equivale a ser bobo.

Jesucristo nos alertó al decirnos que como cristianos íbamos a vivir en un mundo lleno de maldad, de gente perversa que estaría al acecho para ver cómo nos podría engañar, robar, aprovecharse y hasta matarnos. Sus palabras fueron que nos mandaba a un mundo lleno de lobos rapaces y que por lo tanto deberíamos ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. La palabra griega “frónimos” que aparece en Mateo 10:16 en la Biblia y que se traduce como prudente, cuidadoso, precavido, no debe confundirse con la palabra griega “panourguia”, que se traduce como astucia, inteligencia malvada, truhanería, trampa, maldad.

Es decir, Jesús, según el original griego de este pasaje bíblico, nunca nos pide ser astutos, como lo es Satanás, la serpiente antigua, sino ser prudentes, como lo son las demás serpientes. Y es que la maldad no se puede atacar con maldad, sino con bondad. La injusticia no se vence con más injusticia, sino con justicia. El cristiano no puede darse el lujo de usar armas ilegítimas para la batalla, sino aquellas que Dios le provee en su soberana sabiduría, armas espirituales y armas materiales legales. Pero no sólo hay que ser prudentes como serpientes, sino también sencillos como palomas, animales que simbolizan la inocencia, la pureza, la fidelidad, la paz.

Jamás se verá a una paloma metiéndose en líos, alborotando un palomar, creando complicaciones o atacando a su amo, por el contrario, siempre estará reflejando sumisión y simplificación. Los cristianos debemos ser mansos, no mensos. Debemos denunciar la injusticia y hablar de la verdadera justicia. Debemos evitar a toda costa meternos en líos y crear problemas, pero si alguien gratuitamente nos quiere inmiscuir en asuntos perversos, entonces debemos demostrar carácter, poner los puntos sobre las íes, hacer valer nuestros derechos y presentar justa defensa de nuestro caso. A un hijo de Dios le es prohibido pisotear a un semejante, como también le es prohibido dejarse pisotear.

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La mejor adoración se llama: “obediencia”.

(1 Samuel 15: 22-23).

¡Hay que ver como son de astutos los niños!… ¡Y desobedientes! Si tú le dices a uno de tus niños que vaya y limpie su cuarto, que recoja todos los juguetes que están regados por el piso, que levante la ropa que tiró, que tienda la cama y que acomode los libros, él, en su instinto rebelde, en su naturaleza obstinada, y en su astucia muy humana, preferirá venir a tu lado y darte besos, abrazarte, ponerte conversación muy amena y hacerse el simpático; para no cumplir tu orden.

Claro que sí le dices que vaya al refrigerador y saque un helado de chocolate y se lo coma, ya no habrá que insistirle, su obediencia será instantánea, pues ellos sólo quieren obedecer lo que les gusta o les conviene.

Y es así como pretendemos todas las personas burlarnos de Dios, todos, sin excepción, ya que la obediencia es una lucha que libramos en nuestro interior todos los hijos de Adán y Eva. Algunos arguyen que en ciertas etapas de su vida desobedecieron al Señor por ignorancia, porque no conocían su voluntad.

Pero también es verdad que cuando ya conocemos su voluntad la batalla se hace más cruenta, pues la nueva naturaleza espiritual que recibimos como cristianos nos señala lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer, pero la vieja naturaleza pecaminosa, que ha sido destronada pero no destruida, nos dice que hagamos todo lo contrario, que nos portemos mal.

Y es entonces cuando actuamos como los niñitos astutos, marrulleros y desobedientes. En lugar de obedecer a Dios y hacer lo que nos ha pedido que hagamos y dejar de hacer lo que nos ha pedido que no hagamos, queremos engañarle con besitos, abrazos y sonrisitas.

Preferimos escribirle una canción antes que pagar una deuda. Preferimos llenar un estadio y predicar y hacer milagros, antes que llamar a una persona y pedirle perdón. Preferimos orar Salmos con la dulzura de un poeta, antes que visitar a nuestros padres y preguntarles si algo les hace falta.

Preferimos liberar a un endemoniado antes que pagarle al gobierno nuestros impuestos. Preferimos hacer un estudio bíblico antes que cumplir con lo que el jefe nos ha pedido. Preferimos organizar un coro antes que dejar los amoríos con una persona no recomendable.

Y así pretendemos engañar a Dios tal y como lo hiciera el Rey Saúl, a quien Dios le dijo que destruyera todo lo que era del pueblo enemigo de Amalec, pero este terco, queriéndoselas dar de vivo, conservó los mejores animales, dizque para ofrecérselos a Dios. Y ese acto de desobediencia le costó el trono, pues Dios lo desechó. ¡El mejor regalo para Dios es la obediencia! ¡Eso es todo!

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De tonto no tienes un pelo, perdón… una sinapsis.

(Efesios 4:22-24; Filipenses 4:7-8).

En la universidad de Stanford han hecho un maravilloso descubrimiento el cual publican en la revista Neurone (neurona) y es que el cerebro humano es mucho más complejo de lo que se pensaba. Una sola persona con un cerebro normal tiene más conexiones que las que tendrían todas las redes físicas del mundo. Estamos hablando de que dentro del cráneo de cada ser humano hay miles de billones de microprocesadores que almacenan y procesan la información.

¿Sorprendido? No es para menos, pues sí la computadora que tienes en tu escritorio, que estás pagando a cuotas y que te sorprende por lo que hace, sólo tiene un microprocesador, cómo sería si pudieras comprarte miles de billones de esas máquinas en instalártelas en formato súper reducidísimo debajo de tu cabello. Ya tienes esas miles de billones de computadoras dentro de tu cabeza y no le debes un centavo a nadie por ello, ha sido un regalo de papito Dios.

Volviendo con el estudio, los científicos han echado por tierra la vieja teoría de que cada sinapsis (la conexión entre las neuronas) actuaba como el interruptor binario de la luz, es decir, o estaba prendido o estaba apagado. Porque gracias a un mapa en tres dimensiones que han podido hacer del cerebro y que muestran en video, cada sinapsis es más como un microprocesador que almacena, procesa la información y a su vez cuenta con miles de interruptores en escala molecular. Ahora intenta multiplicar esto en tu calculadora, si tenemos miles de billones de sinapsis y cada sinapsis puede tener mil interruptores, ¿cuántos dispositivos para almacenar y procesar información podemos tener entre el cuello y la coronilla?

Ah, pero un momento, así como la computadora puede ser usada para editar audio o video, para llevar contabilidad, para navegar en internet, para hacer música, para dibujar, para hacer fotografía, para transferencias bancarias y miles de cosas más, igual el cerebro se puede usar para lo que sea, bueno o malo. ¿De qué depende?

Del software (programa) que le instales. La madre Teresa de Calcuta y Hitler tenían un cerebro básicamente igual de fábrica, sólo que Teresa lo programó con la bondad de Dios, y Hitler con el odio del que es homicida por siempre, el diablo.

Así es que déjate de cuentos y no digas que eres lento para aprender, o que eres tonto, o que no sirves para nada. Ya deja de criticar la obra de Dios y de insultarte a ti mismo. Por el contrario, reconoce todo lo bueno que Dios te ha dado y todas las habilidades que ha puesto en ti y que no has desarrollado plenamente. Y reflexiona sobre tu estancamiento, a qué se debe.

Piensa si es porque eres un perezoso, o un acomplejado, o porque estás llenando tu cabeza de basura. ¡Ejercita tus neuronas, llénalas de Dios, de su Palabra y de cosas lindas!

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Una puerta cerrada es un aviso de que hay otra abierta.

(Salmos 23:3; Romanos 8:28).

El abuelo entró a la habitación de su nieto llevando un juego de madera en sus manos.

–      ¿Qué es eso abuelo?

–      Esto es un laberinto, un poco viejo y empolvado porque estaba tirado, pero lo he traído para enseñarte algo acerca de cómo funciona la vida. Mira, se trata de ir desde este punto A, que es la partida, hasta este punto B, que es la meta. Pero como verás, un laberinto es una construcción de calles y encrucijadas que hacen muy complicado ir desde la partida hasta la meta, debido a que ofrece muchos falsos caminos que si los tomas te dejarán encerrado. Ahora fíjate bien, voy a tomar a Pipo, tu hámster, y lo voy a poner en el punto A. Y en el punto B voy a poner su comida preferida. Ahora nietecito, dime cómo hacer para que este animalito llegue a la meta, para que pueda irse por el camino correcto y encontrar su comida.

–      Bueno abuelo, yo lo puedo guiar.

–       Claro, porque tú estás viendo el laberinto desde arriba y puedes ubicar con una sola mirada la partida, la meta, el camino verdadero y los caminos falsos. Pero, por un momento, imagínate qué verías sí fueras Pipo y estuvieras a su altura y con su mente

–       Vería sólo una de las tantas puertas que hay. Y creo que me molestaría tener hambre, oler una buena comida y verla tan lejos y complicada de alcanzar. Aunque no es que esté lejos, sino que se hace lejana por tantos falsos caminos. Además me daría mucha rabia estarme metiendo por callecitas que no me llevan a nada y me dejan encerrado.

–       Claro, y sería una pérdida de tiempo. Pero mira lo que podemos hacer, tomamos estas piezas de madera y cerramos el paso a todos los falsos caminos. De esta manera Pipo no puede ir por los pasadizos incorrectos. El problema es que se quede quieto y no quiera avanzar. Porque si encuentra muchas puertas cerradas y se molesta y ya no quiere buscar otras puertas, entonces nunca podrá llegar a su comida y nuestra ayuda no le servirá de nada. ¿Te das cuenta de lo que trato de decirte?

–       Sí, abuelo. Así es como Dios nos guía a nuestras metas, pero hay que avanzar, porque cuando Papá Dios nos cierra puertas falsa es porque ya nos tiene abierta la correcta.

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Las locuras de un rabino enamorado.

(Lucas 8:26-39).

Damas y caballeros interrumpimos la telenovela “Una lágrima más” de “Tv. Gadara” para ir de inmediato con nuestro reportero noticioso Teófilo, quien nos presenta una información de última hora desde las playas de Gadara. Al parecer se han juntado miles de ciudadanos junto con el presidente de la federación de porcicultores para solicitarle a un rabino judío que se marche de la ciudad, sí un rabino, aunque ustedes no lo crean. Vamos en vivo y en directo al lugar de los hechos. Adelante Teófilo.

Atención apreciados televidentes interrumpimos nuestra programación habitual para contarles algo inaudito. Por primera vez en la historia moderna de Gadara un rabino judío ha pisado nuestras tierras. Sí, como bien saben, Gadara pertenece a Decápolis, las 10 ciudades del pecado, como piensan los judíos. “Deca” significa diez y “Polis”, ciudad. Y esta región es inmunda para los judíos, máxime porque se dedica al negocio de la porcicultura. Como es sabido por todos ustedes los judíos consideran al cerdo un animal inmundo.

Pues bien, hoy, el rabino más famoso de Judea y Galilea ha atravesado el mar de Galilea y ha llegado a nuestras playas con doce de sus alumnos para encontrarse con un hombrecillo loco, endemoniado, insignificante, por el que no se daba ni un centavo. Y este rabino ha hecho que diez mil demonios salieran de dicho individuo y se metieran en un inmenso hato de cerdos, los cuales, enloquecidos, se tiraron al lago y se ahogaron.

Por supuesto que tenemos imágenes del hombre que ha sido liberado de semejante posesión, quien ha declarado que lo que más le ha llegado al corazón es que un líder religioso tan prominente como Jesús, en lugar de estar en importantes congresos como orador, o consiguiendo más gente para tener la iglesia más grande, o trazando estrategias para hacerse famoso y rico, ha hecho lo que ningún judío se había atrevido a hacer: venir a visitar estas tierras.

Pero no sólo es destacable el hecho de que un judío se asome por estos lares, sino que ostente el título de rabino. Y no cualquier rabino, sino el joven y popular Jesús. Y no que haya venido a entrevistarse con gente muy importante, sino que ha llegado hasta nuestras playas para llenar de amor a un hombre aparentemente insignificante.

Y dicho hombrecillo ha manifestado en la entrevista que pasaré en el noticiero de las nueve que Jesús estaría dispuesto aún a dar su vida por él, aunque no valga ni un cerdo para la demás gente de Gadara.

Y además tenemos testimonios de personas que dicen que el amor de este rabino por la gente es tan grande que tuvo la locura de visitar al mafioso Zaqueo y a una promiscua samaritana, a quienes les transformó sus vidas. Volveremos con más noticias. Reportó para ustedes, desde las playas de Gadara, Teófilo.

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Mente desocupada, laboratorio del diablo.

(Isaías 26:3).

Uno de esos viejos y sabios proverbios de los abuelos dice que mente desocupada, laboratorio del diablo. Y es cierto, pues cuando no llenamos nuestro cerebro con pensamientos de paz, de amor, de bondad y de fe, entonces creamos un vacío que se intentará colmar de inmediato con todo lo opuesto: preocupación, odio, maldad y duda.

La mente es como un empleado necio al que hay que tener ocupado productivamente. La mente no para ni un instante, ni siquiera cuando dormimos, todo el día está generando pensamientos de acuerdo a la materia prima con que la alimentamos.

Y esa materia prima la constituyen las conversaciones que hemos tenido, la música que hemos escuchado, los programas que hemos oído o visto en la radio o televisión, el cine que hemos consumido, las páginas de internet que hemos visitado, los lugares que hemos frecuentado, los libros que hemos leído y las cosas que contemplamos a diario.

Por tal motivo es importante darle de comer a nuestra mente buena comida y tenerla ocupada en asuntos importantes, que valgan la pena para nuestro provecho, para nuestro progreso, para nuestra madurez y sano desarrollo. Una mente bien disciplinada puede llevarnos muy alto en la vida, pero también, si es indisciplinada, puede enterrarnos muy profundo.

Aunque en la Biblia no se habla de la mente específicamente si se le menciona cuando se hace referencia al corazón humano, pues en lugar de describirlo como el músculo que bombea sangre a todo el cuerpo, lo muestra como el generador de los malos pensamientos, las malas actitudes y los malos comportamientos.

Por lo cual también enseña que ese corazón, que equivale a la mente, hay que guardarlo, protegerlo, cuidarlo y disciplinarlo, ya que de él mana la vida.

El profeta Isaías escribió hace 2700 años que aquella persona que persevera en pensar en Dios, en hacer su voluntad y en agradarle, vivirá en completa paz, porque ha confiado en el Señor.

De manera que de ahora en adelante procura llenarte mentalmente de cosas positivas, no expongas tus ojos y oídos a material contaminante. Vigila bien lo que le das de comer a tu cerebro, pues tus neuronas te pueden enriquecer o te pueden empobrecer, dependiendo de la materia prima que les des a procesar. Y jamás se te ocurra dejar tu mente ociosa, porque se convertirá en una máquina sumamente peligrosa.

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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.