Los nombres compuestos.


(Éxodo 3:13-15).

En nuestra cultura occidental la forma como se escoge el nombre de un hijo responde a diversos criterios, algunas veces se le llama como el papá o la mamá, otras veces como el personaje de moda, pudiendo ser un político, un deportista, un artista o un galán de telenovela.

Pero sucede que algunas veces no se tiene cuidado con el hecho de que la mezcla de los nombres o de los nombres con los apellidos resulten graciosos, dándose casos como los siguientes: Zoila Guerra, Zacarías Piedras del Río, Armando Esteban Quito, Dolores de Barriga, Estela Flor del Campo, José Luis Lamata Feliz, Presentación de Cabezas, Ramón Ponte Alegre, Luisa Larrosa Espinoza, Lidia del Toro Manso y Estela Segura.

En la Biblia se nos muestra cómo los nombres que se escogían para las personas muchas veces reflejaban algo de su propia vida, como el caso de Isaac, que significa risa, y el cual fue llamado así por orden de Dios, puesto que Sara se río cuando se le anunció que iba a quedar embarazada, a pesar de ser anciana, de no ovular y de haber sido estéril toda su vida.

A Abram Dios le cambió el nombre por Abraham que quiere decir padre de naciones.

A Jacob, que significa falsario, se le cambió el nombre por Israel, que significa Dios pelea.

Moisés se llamaba así porque su nombre significa rescatado de las aguas y él fue rescatado de las aguas de un río cuando apenas era un bebé.

Y pudieran mencionarse muchos casos, pero el más significativo de todos son los ocho nombres compuestos que se le dan a Dios en el Antiguo Pacto de la Biblia:

En primer lugar YHVH-Sebaot que se traduce como  Dios es nuestro ejército defensor.

En segundo lugar YHVH-Yireh que significa que Dios es nuestro proveedor.

En tercer lugar YHVH-Rafah que quiere decir que Dios es nuestro sanador.

En cuarto lugar YHVH-Nissi que se traduce como Dios es nuestro estandarte.

En quinto lugar YHVH-Shalom que quiere decir que Dios es nuestra paz.

En sexto lugar YHVH-rá-ah que significa que Dios es nuestro pastor.

En séptimo lugar el nombre YHVH-Sidkenu que se traduce como Dios es nuestra justicia.

Y finalmente, en octavo lugar, YHVH-Sama que significa que Dios está presente.

Cada uno de estos nombres completos tiene un profundo significado pues en ellos Dios se revela al hombre como el Dios que lo suple en cada aspecto o necesidad de su vida.

¡Qué maravilloso tener a un Dios cercano y atento a nuestras oraciones!

¡Qué maravilloso tener a un Dios que nos ama y que está profundamente interesado en lo que nos pasa cada día!

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Las buenas falsificaciones sólo se descubren en los detalles

(2 Corintios 11: 14-15; Santiago 2:19)

Hay un juego muy entretenido que ofrecen muchas revistas en sus páginas finales, se trata de poder apreciar un determinado número de diferencias entre dos dibujos que a primera vista se ven exactamente iguales, pero que al observarlos detenidamente tienen algunas mínimas diferencias.

La misma agudeza de observación se requiere para poder diferenciar tantísimas imitaciones de marcas muy cotizadas en el mercado y a algunos supuestos cristianos fraudulentos que son capaces de engañar aún a los hijos de Dios.

Un conferencista que explicaba la enseñanza bíblica de que el diablo es todo un artista para falsificar y engañar con mentiras muy bien elaboradas y muy parecidas a la verdad, contaba que una vez había rechazado la oportunidad de tener como invitado especial a una reunión masiva a un excelente orador con una hoja de vida envidiable.

Dicho sujeto de apellido Bel, tenía un doctorado en teología y varias especializaciones en los idiomas bíblicos hebreo, arameo y griego. También era experto en homilética y hermenéutica. Tocaba y cantaba como los grandes artistas.

Tenía una bella apariencia física y con su palabra embelesaba a los más refinados auditorios. Y como si fuera poco tenía una rica organización financiera y una fe en Dios inquebrantable, por lo cual era capaz de realizar todo tipo de milagros asombrosos.

En pocas palabras, este paladín de la espiritualidad moderna era el que cualquier iglesia cristiana quisiera tener como invitado no sólo para atiborrar su auditorio, sino para llenar hoteles, coliseos y estadios.

Afortunadamente no se concretó nunca una invitación a esta personalidad por un simple detalle, el detalle de su nombre. Aunque su apellido era Bel, su nombre era Luz, es decir, se trataba de Luzbel, el príncipe de los demonios, el que engaña a las naciones, el que se disfraza como ángel de luz y es homicida y padre de mentira.

Por supuesto que el relato es sólo una parábola que el conferencista usó para ilustrar cómo es que el perverso de Satanás opera y engaña al mundo entero, aún a los cristianos, por lo cual es necesario prestarle atención a los detalles para poder desenmascararlo.

Por ejemplo, el diablo se sabe toda la Biblia y es capaz de enseñarla, sólo que no la vive. Cree que Dios es uno y tiembla ante Él, pero no lo obedece por amor. Y se disfraza como ángel de Luz, porque no lo es.

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Cómo vengarse de los hermanos odiosos

(Juan 7:2-5; Gálatas 1:18-19; 2:9).

Si en tu familia nunca tuviste una pelea con un hermano tal vez se debió a tres factores, o eres hijo único, o no se criaron juntos o eres anormal, pues lo normal es que todo padre de familia haya tenido que hacer las veces de árbitro de pelea por lo menos una vez.

Y las peleas entre hermanos son típicas, hasta allí no hay de qué preocuparse. El que el uno se ponga la ropa del otro, el que uno quiera acaparar el vídeo juego que es para todos, o el que el uno quiera apropiarse del único control remoto de la televisión, o viajar al lado de la ventana del auto, todo eso es pasable.

Inclusive, el que siendo adultos el uno critique al otro, o hasta se muestre ausente en la época de los problemas también es pasable, pues bien dice la Biblia que en tiempos difíciles es mejor amigo cercano que hermano distante; y que en ocasiones se portan mejor los amigos que los mismos hermanos.

Pero donde las cosas sí se ponen feas e intolerables, es cuando una disputa entre hermanos se prolonga durante años, envenena a las familias, gesta riñas entre esposas y sobrinos de ambos lados y deja en medio, dolidos, a sus propios padres.

En la Biblia se menciona por ejemplo el caso de los hermanos de José, el hijo de Jacob, quienes llegaron a odiarlo tanto que hasta quisieron matarlo, pero finalmente lo vendieron como esclavo a Egipto.

Por supuesto que nunca les pasó por la cabeza que ese muchachito, al que calificaban de mimado y engreído, se llegara a convertir en el primer ministro de ese imperio.

Pero así fue, y lo mejor de todo fue la venganza que José les cobró a esos odiosos: los perdonó y los hizo partícipes de su prosperidad. Sí, su papá, sus hermanos, cuñadas y sobrinos, se fueron a Egipto a darse la gran vida.

Otra venganza espectacular fue la de Jesús, pues cuando inició su vida pública sus hermanos no creían en él, cosa que le debió doler.

Pero cuando resucitó y todos en casa supieron que realmente habían convivido con el mismísimo Dios, entonces los perdonó y los hizo parte de su iglesia.

Judas, por ejemplo, no el Iscariote sino el hermano del Señor, llegó a escribir su propia epístola en la Biblia, la epístola de Judas.

Lo mismo hizo su hermano Jacobo, otro Jacobo diferente al hermano de Juan, quien escribió su propia epístola. Además llegó a ser uno de los tres líderes de la iglesia cristiana en Jerusalén junto con Pedro y Juan, sin necesidad de haber sido uno de sus apóstoles.

Eso sí es vengarse: perdonar y hacer partícipes a nuestros hermanos de nuestra prosperidad.

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Lo que aprendí de los 40 años de los israelitas por el desierto

(Romanos 15:4).

Cuando tú crees que le estás enseñando teología a un grupo de chicos en una pizzería usando recursos electrónicos, lenguaje moderno y atractivas técnicas expositivas, ellos son los que te sorprenden enseñándote a ti que la finalidad de la Biblia no es fundirte las neuronas, ni hacerte la vida más complicada, sino darte lecciones prácticas para que las pongas por obra en cada aspecto de tu existencia.

Por ejemplo, si preguntas qué aprendieron, después de una enseñanza del Éxodo de los judíos 40 años por el desierto, tal vez te dejen boquiabierto con comentarios como los siguientes:

–         Brother, que si te volvés más terco que una mula una travesía que debe durar 40 días se te puede volver 40 años. Tenés que obedecer al Señor y punto, listo, eso es todo.

–         Que si tú quieres ser un buen líder no tienes que ser el típico viejito de 80 años barrigón, neurótico, andropáusico y que anda con un garrote y varios guardaespaldas por el campamento. Puedes ser como Moisés, que aunque era el hombre más humilde y manso sobre la tierra era un líder. No porque se impuso, sino porque Dios lo puso por líder y Él lo respaldaba. Y si alguien se metía con Moisés se estaba metiendo con Dios mismo y por ello debía atenerse a las consecuencias.

–         Que no falta el que critique a tu mujer, que porque es chiquita, que porque es flaca, que porque es blanquita, que porque es callada o porque habla mucho. Mientras Dios apruebe esa unión y la morenita le guste a Moisés y Moisés esté feliz con su morenita, que la gente diga lo que quiera y se reviente de la rabia, eso no debe importarnos.

–         Que un desierto tiene que ser un camino no un lugar de residencia. Es el paso de un Egipto, que simboliza esclavitud, a un Canaán, que simboliza libertad. Canaán también es tierra de cumplimiento de promesas, es el lugar donde fluyen la leche y la miel. Jamás el desierto se me tiene que volver mi casa, tiene que ser solamente un trayecto hacia mi casa.

–         Que Moisés se murió joven a los 120 años, lleno de vida y con una vista de jovencito. Y que aunque no entró a la tierra de Canaán, se fue a una tierra prometida celestial.

–         ¿Vos sabés que aprendí de este man? Que aunque pensés que has echado 80 años de tu vida a la basura, aunque nadie te conozca, aunque no tengás contactos, aunque seas  tartamudo y aunque tengás dos hermanos criticones, aún así, Dios te puede usar con poder.

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No ganó el mejor, tampoco el peor, sólo el agraciado

(Eclesiastés 9:10-12).

Amigo, sé bien que pasas por un momento horrible como deportista profesional.

Los periodistas que antes te elogiaban y te asediaban para una entrevista hoy parecen haberse convertido en tus enconados enemigos.

El público que antes te aplaudía y coreaba tu nombre, hoy te abuchea y te hace chistes hirientes.

Aún tienes la impresión de que tus compañeros, los directivos del club y el mismo entrenador, se han unido para conspirar contra ti.

Y ni qué decir de tu representante, él piensa que tal y como estás ahora, nadie daría un centavo por tu transferencia a otro equipo.

A veces quisieras llegar del entrenamiento, tomarte una pastilla y echarte a dormir hasta el otro día.

Otras veces quisieras arrojarte al piso y llorar de rabia y frustración.

Y cada día debes lidiar con esas preguntas que te martillan:

¿qué me pasa? ¿Por qué me va mal? ¿Por qué no logro rendir como mis compañeros?

Ellos se escapan a sus fiestas, no siguen las dietas al pie de la letra, son indisciplinados, entrenan a medias, consultan adivinos, se burlan del entrenador, hablan mal de las directivas, no valoran a los seguidores del equipo, son hipócritas en las entrevistas de televisión, sólo les interesa el dinero que cobran y sin embargo sus representantes les consiguen buenos contratos y son los niños consentidos del periodismo y del público.

No entiendo, ¿por qué? ¿De qué me ha valido trabajar duro, entrenar como un burro, dar la vida en cada juego, seguir la dieta, obedecer al técnico y respetar a las directivas del equipo y al público? ¿Para qué?

Pero no te desanimes, toma tu Biblia y aprópiate de Eclesiastés 9:10-12, donde el autor básicamente te dice:

“No dejes de entrenar duro, ser disciplinado, hacer tu dieta, obedecer al entrenador y hacer todo con alegría, no con rabia ni con sentimientos de inferioridad o superioridad.

Esfuérzate ahora, pues tu profesión es corta y la vida también y cuando vayas a la tumba ya no habrá tiempo para más.

Además la recompensa vendrá, tenlo por seguro. A todo ser humano le vienen momentos críticos, de repente, quedando atrapados como un pez en la red o como un pájaro en la trampa.

Mas no desmayes, es en esas circunstancias que se prueba el verdadero carácter del  triunfador.

Esos obstáculos en la pista no son para sabotear tu carrera, sino para enseñarte a brincarlos.

Y finalmente, acuérdate que no gana el más veloz, o el más fuerte, o el más talentoso, sino el que está en el  lugar correcto, en el momento oportuno.

La gente le llama a eso suerte, pero tú sabes que es la gracia de Dios, por eso no lo dejes, porque con Cristo siempre ganarás”.

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Un regalo sólo es tuyo hasta cuando lo aceptas

 

(1 Pedro 3:8-17).

Una de las experiencias que Raúl recuerda con mayor claridad fue la que vivió con su esposa en el instituto de misiones.

Él había terminado su especialidad en pediatría, y con Clara, que había cursado una maestría en psicopedagogía, se inscribieron para formarse como misioneros.

Desde que eran estudiantes habían acordado en la iglesia que sus profesiones las pondrían al servicio de Dios y de la comunidad a dónde Él los guiara.

Una tarde, el profesor de ética les dijo que irían a recibir la clase a un centro comercial, en medio de la gente, pues la ética es para poner en práctica lo que ya saben en teoría.

Al llegar, y cuando los alumnos descendían del automotor en el gran estacionamiento, una dama que salía del vehículo de enfrente les gritó a oídos de todo el mundo que ellos eran unos bendecidos de Dios, que los amaba, que gente así, que se preocupaba por los demás y que servían en el nombre del Señor, era la que el país necesitaba.

Y dicho eso les mando varios besos, los bendijo y se fue.

Durante tres horas recorrieron los pasillos y observaron las vitrinas sin comprar nada. Luego el maestro les pidió que regresaran al autobús para retornar al instituto.

Pero sucedió que cuando se disponían a abordarlo, un caballero les gritó desde enfrente, a oídos de todo el mundo, que ellos eran unos estúpidos vividores, sinvergüenzas, que dejaran de estarle lavando la cabeza a la gente con sus tonterías y que personas como ellas eran las que tenían al país en tan mala situación.

Algunos estudiantes quisieron responderle, otros quisieron callarlo, y el mismo Raúl quiso darle un puñetazo por irrespetuoso. Pero la orden fue subir al vehículo e irse en silencio.

El viaje fue como si vinieran de un funeral, nadie decía nada. Al entrar al aula de clase… ¡sorpresa!

Se encontraron, parados frente a la pizarra, a la señora que los había elogiado y al caballero que los había insultado.

Resultaron ser actores de un grupo de teatro de una iglesia local que cada año hacían la misma rutina para la cátedra de ética.

Ese día, después de presentarse, dieron una exposición maravillosa acerca de cómo un cristiano debe conducirse entre la comunidad a la que sirve.

Y la enseñanza fue muy clara:

“un regalo sólo es nuestro hasta cuando lo aceptamos. No tenemos que recibir los insultos, pero sí las voces de ánimo, aunque con cautela, pues el elogio para un servidor de Dios puede ser más peligroso que un insulto”.

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La humildad abraza lo que la arrogancia no alcanza.

(Lucas 7: 1-10; 1 Pedro 5:6).

No es difícil darse cuenta del por qué los individuos arrogantes caen mal en todas partes, ya que la altivez y la prepotencia en lugar de atraer producen rechazo.

Esto lo saben muy bien aquellos personajes que son amados entrañablemente por su público, aunque no tengan las mismas calidades de otras figuras a quien nadie se soporta.

Un claro ejemplo de esto podría ser Enrique Iglesias, un chico que aunque no es técnicamente un buen cantante, es más aceptado y querido que otros que lo rebasan en cuanto a calidad vocal e interpretativa.

Y el ser tan apreciado le ha granjeado el ser el campeón en ventas de discos, negocio que cada día es menos rentable para disqueras y artistas.

Enrique heredó el carisma de su padre Julio, quien no tenía problemas en sonreír, abrazar a su entrevistador, cargar un bebé o cantarle a una abuelita al oído y luego darle un beso.

Y es que los que se creen la última gaseosa del desierto y exigen aplausos y admiración, lo único que consiguen es la antipatía, pues aunque la gente tenga que reconocerles sus talentos, se resisten a aplaudirles, admirarles y quererles.

En la Biblia se cuenta la historia de un centurión romano que se ganó el corazón de Jesús y le hizo expresar palabras de elogio.

Este centurión tenía poder militar, ya que era jefe de un batallón de cien soldados romanos, tenía poder político, por cuanto Palestina era colonia romana, tenía poder económico, pues había llegado a construirle a los judíos una sinagoga de su propio bolsillo, y tenía toda la influencia que alguien pudiera desear.

Sin embargo, cuando precisó de Jesús para que sanara a un criado suyo no le mandó soldados que lo obligaran a ir, sino que envió a unos ancianos judíos para que le rogaran.

Y cuando Jesús se aproximó a su casa mandó otra comitiva para que le dijeran que no era necesario que entrara, ya que sabía que los judíos consideraban inmundo entrar a la casa de un no judío, al que llamaban despectivamente “perro”.

Y a la vez que le mandó a decir que no era digno de que entrara en su casa también le expresó que no fue personalmente ante Él porque tampoco se consideró digno de hacerlo.

Que sólo diga la palabra y que su criado sanará, puesto que sabía que Jesús tenía toda la autoridad para hacerlo.

Y esta actitud, ese proceder y esa fe demostrada, le robaron el corazón a Jesús.

No vayas a la presencia de Dios con arrogancia o con tonitos de altivez y exigencia, no importa que lo veas en la televisión o en algunos líderes espirituales.

Ve ante Papito Dios con confianza, con humildad y con un corazón rendido de amor a sus pies.

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Si la montaña viene a ti, corre, es un terremoto

(Lucas 5:1-11).

En la vida hay que prepararse para las buenas oportunidades, pues éstas tocan una vez y si la puerta no se abre y nadie les invita a pasar, siguen de largo.

Y de allí en adelante hay que tener paciencia y esperar hasta que a otra se le ocurra venir a tocar de nuevo.

Hay muchas personas que están de brazos cruzados esperando que las cosas buenas de la vida lleguen a tocar hasta su puerta, y al ellos no abrirles, la tumben, vayan hasta donde están sentados haciendo pereza, los tire boca abajo, les saque la billetera, les deposite un gran cheque y se vayan.

¡Ey amigo! ¡Despierta! Ya es hora de ponerte las pilas y salir a buscar las mejores cosas que Dios ha preparado para ti desde antes de la fundación del mundo.

Sí, hay que ir en busca de las oportunidades y abrazarlas y traerlas a casa, en lugar de quedarte sentado esperando que lleguen algún día.

Un refrán dice que si la montaña no viene a Mahoma, entonces Mahoma va a la montaña.

Así es que ponte zapatos cómodos y disponte a ir a la montaña que tienes en frente y que has querido conquistar desde hace tiempo. Esa montaña no va a venir hacia ti. Y si viene, corre, es un terremoto.

Y si de pronto no es un terremoto sino un milagro porque tu fe es tan grande que puedes mover los montes, de todas maneras tendrás que escalarla, pues el que se haya movido hasta donde tú estás no significa que haya perdido su altura.

La Biblia nos cuenta de una ocasión en que los apóstoles estuvieron toda una noche pescando sin lograr nada, hasta que Jesús les dio la orden de lanzar la red de nuevo.

Ellos entonces obedecieron y sacaron tantos peces que casi se hunden y tuvieron que pedir ayuda.

Pero, ¿qué hubiera pasado si no tuvieran redes?

¿O estuvieran rotas por no coserlas?

¿O hubieran dicho que no sabían lanzarla porque esa materia la perdieron en la escuela de pesca?

¿O que mejor volverían al otro día porque ya el turno había terminado y tenían que dormir?

¿O que sería mejor el milagro completo y que Jesús pusiera los peces dentro de la barca ya sin escamas y bien lavados?

¡Oye, Dios da mangos, no jugo de mango!

Así es que mas vale que te prepares, pero no con una canastilla, sino con maquinaria cosechadora y un título de ingeniero agrónomo especializado en mangos.

Y además , con contactos internacionales para exportar mangos.

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Cuidado con los pasajeros con quienes viajas.

 

(Proverbios 1:10).

Hay muchos viajes en la vida en los que uno no puede escoger con quiénes viajar, pues todo el que pueda pagar su pasaje podrá ir en el mismo medio de transporte.

Pero sí podemos escoger cómo relacionarnos con esos compañeros de viaje.

Y esto no sólo se aplica a recorridos en tren, barco, avión o autobús, sino a trayectos en los que uno va hacia una meta definida en la vida y debe compartir espacio con otras personas poco deseables, llámense compañeros de estudio, colegas de trabajo, vecinos o familiares.

El hecho es que esos seres incómodos no se van a desaparecer ni se van a hacer invisibles. Allí están, allí estarán y con ellos, queramos o no, hay que compartir el itinerario.

Con humor se ha dicho que en el Arca de Noé el patriarca debió llevar tres pasajeros indeseables, pero al fin y al cabo eran huéspedes que habían hecho sus reservaciones.

El primero de ellos era el pájaro carpintero, animalito al que le fascina hacer huecos en la madera.

¡Imagínense el peligro! Dónde se acomoda a un ser así que en lugar de ofrecer seguridad más bien nos invita a vigilarlo constantemente, pues en cualquier momento nos hace un hueco, se nos entra el agua y nos hundimos.

Así hay personas, que en lugar de ser un punto de apoyo para impulsarnos y salir adelante, más bien nos picotean los planes y sueños y nos hunden en el desánimo.

El segundo animal es el mono, personaje este que cree que en la vida todo es fiesta, todo es juerga, que nada se toma en serio, que no se hacen planes, que no se tiene disciplina, que no se ahorra, que no se piensa bien en lo que se va a decir o hacer.

Y así hay individuos con los que viajamos en la vida, que en lugar de animarnos a subir más y más, por el contrario nos invitan a resbalarnos desde la altura que hemos alcanzado sólo para disfrutar el vértigo de la caída.

Y no les importa que otra vez tengamos que empezar a escalar desde cero, ya que tan pronto nos elevamos un poco, otra vez nos incitan a tirarnos.

Y el tercer animal es la serpiente, que siempre viene a indisponer a todos para que sean rebeldes. Que si Noé dice negro, todos deben gritar blanco.

Y así hay gente, es la que siempre propone negocios torcidos y rebeldía sin motivo.

Recibamos entonces el consejo del sabio Salomón en la Biblia: “si no puedes evitar a los pecadores, pues no los consientas, sé firme y ponlos en su sitio”.

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No busques milagros ajenos, busca el tuyo, personalizado.

(Josué 6:2-5)

Con frecuencia escuchamos historias de cristianos que se sienten frustrados porque han puesto en práctica los consejos de algunos bien intencionados conferencistas esperando suscitar un milagro de parte de Dios, pero no han obtenido lo deseado.

Dichos expositores relatan una historia bíblica o personal y animan a sus oyentes para que procedan de la misma manera, pero olvidan cinco detalles sencillos que se deben considerar:

En primer lugar el Dios de la Biblia obra de manera particular con cada persona y en cada situación. No hay un patrón o una medida estándar para todo mundo. Esto se puede evidenciar por ejemplo en los milagros de Jesús, quien para cada situación procedió de manera diferente.

Lo segundo a tomar en cuenta es que nadie le puede imponer a Dios lo que Él debe hacer y cómo debe hacerlo. Claro que podemos pedirle a Dios, pero es el Señor quien decide qué responder, pues Él es un Dios soberano, no un sirviente.

En la historia de Josué y la manera como se apoderó de Jericó no fue que este general del ejército de Israel convenció a Dios de que le entregara esa inmensa ciudad amurallada, no, fue el mismo Dios quien le notificó a Josué que Él había decidido entregarle dicha fortaleza.

Lo tercero a mirar es que es Dios quien decide cómo se tiene que cumplir una misión. Siguiendo con el relato de la toma de Jericó el Señor diseñó toda la estrategia. Esa operación no se le ocurrió a ningún mando militar, sino que Dios se la dio con todos los detalles al ejército comandado por Josué.

El hecho de que tú repitas a tu antojo el mismo procedimiento de Josué y le des siete vueltas a cualquier edificio no garantiza el que el mismo se vaya a caer. Esto no es un asunto de magia en el ritual, sino de soberanía de Dios.

En cuarto lugar prestemos atención al hecho de que Dios hace siempre una parte y la persona que recibe el milagro hace la otra complementaria. Josué fue obediente siguiendo al pie de la letra los mandatos de Dios, tal y como lo fueron también los que recibieron los milagros de Jesús en el Nuevo Testamento.

Y en quinto lugar no perdamos de vista que no se deben exaltar ni al que recibió el milagro ni a la estrategia para recibir el milagro, sino al Hacedor del milagro, a Dios. Fue por eso que Josué ni publicó libros ni se inventó unas conferencias tituladas “Siete pasos para derribar murallas.”.

Josué tenía claro, como lo debemos tener nosotros, que Dios ha hecho y seguirá haciendo grandes milagros, pero que Él obra de manera soberana con cada persona y en cada circunstancia.

No estés envidiando los milagros de un famoso ni quieras repetir exactamente iguales los narrados en la Biblia. No busques milagros ajenos, más bien acércate a Dios y recibe el tuyo, personalizado.

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