Cazando zorras pequeñas.

(Cantares 2:15).

Los pequeños malos detalles cuando se hacen frecuentes se tornan en muy peligrosos, pues por ser pequeños pasan inadvertidos por nuestro puesto de control, ya que cruzan de a uno por uno, pero cuando se juntan se convierten en un gigantesco problema.

Tal vez no le prestes atención a una hormiga que anda merodeando por un poco de miel que regaste sobre la mesa, pero si no exterminas esa hormiga y limpias las pequeñas gotas del dulce y te vas, cuando regreses ya no vas a encontrar una hormiga, sino un enorme ejército que ha hecho camino desde la pared hasta tu mesa de comedor.

Y así también acontece con esos minúsculos y odiosos detalles de nuestra parte cuando no se corrigen y se hacen repetitivos. Después de un tiempo dichas pequeñeces se convierten en enormes e inaguantables conductas que la gente no está dispuesta a soportar y que a nosotros nos cuesta superar, por cuanto se nos han vuelto hábitos.

Ese es el caso del amigo que se la pasa pidiendo favores y le gasta la paciencia a su compañero sin considerar que una cosa es la amabilidad y otra la obligación. O el del marido que confunde la amorosa atención de su esposa con el trabajo forzado de una esclava.

O el del hijo que no aprecia el voto de confianza que le dan sus padres y se imagina que el permiso para salir socialmente es un derecho que por fin se le reconoce. O el de la mujer que no valora los esfuerzos de su esposo para darle gusto y cree que a los hombres hay que exprimirlos para que saquen el dinero escondido. O el del vecino que barre la basura hacia la casa del lado y estaciona su auto tapándole la salida de la cochera a los otros y creyendo que la tolerancia es una autorización para ser abusivo.

Todos estos ejemplos y muchos más contienen esos pequeños detallitos que cuando se hacen constantes y se juntan provocan desastres. Sí, una pequeñez, una sola, se puede pasar por alto, pero cuando esas pequeñeces se repiten una y otra vez, y otra vez, terminan por minar la paciencia y provocan que en algún momento el globo no soporte más la presión y explote.

Las zorras pequeñas son las que echan a perder las grandes viñas, los lindos matrimonios, las viejas amistades, los buenos negocios y la vida espiritual del cristiano que de a poco va descuidando su vida devocional y se consuela pensando que al fin y al cabo falló sólo un día, un día, uno sólo y nada más. ¡Qué peligro! Sí, resulta muy, muy peligroso, no prestarle atención a esas pequeñeces.

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La sana insatisfacción.

(Colosenses 2:8-10)

Cuando Rocío compró el amplificador de sonido le dijeron que eso era lo básico para hacer su teatro casero. Ella feliz fue a su casa y les dijo a todos que  ahora verían la televisión con sonido al estilo de las salas de cine. Pero faltaba algo, los parlantes.

El amplificador lo que hace es elevar la potencia del sonido que llega del televisor, pero se requieren buenos altoparlantes que reciban dicho sonido que llega del amplificador. Resuelto el asunto faltaba algo, los cables. Cables de sonido que llevaran el audio del televisor al amplificador y del amplificador a los parlantes.

Y cuando por fin quisieron estrenar el teatro casero se dieron cuenta de algo más, el televisor, por ser de los viejitos no tenía salida de audio. La solución, esperar unos meses más para comprar un televisor nuevo, pues ya todo el dinero se había ido en el amplificador, los parlantes y los cables.

¡Ay Rocío cuánto lío! Si tan solo un vendedor honesto te hubiera explicado al inicio qué era lo que necesitabas te habrías evitado ese vaya y venga y dejar a todos con las ganas. Por eso es que cuando a uno le están ofreciendo un producto que desconoce no está por demás preguntar qué más se necesita para que funcione, que tipo de corriente usa, si hay que cambiar alguna pieza, si es el adecuado para lo que necesitamos, etc.

A nivel espiritual pasa lo mismo. No falta quienes dicen: “Bueno sí, es verdad, ahora estás en Cristo y con Él tienes perdón de pecados, sanidad, provisión y salvación, pero…” Y acto seguido te venden su producto, servicio, idea o filosofía.

De cualquier manera se las ingenian para hacerte creer que algo más te falta, que es necesario acompañar lo que Cristo ya hizo por ti con algunas otras cosillas que un gran maestro ha descubierto en estos últimos tiempos. ¡Y pum… llévate tu golpazo! Te llenan la cabeza de mentiras y luego te vacían la cartera.

Bien les decía el apóstol Pablo a los Colosenses que no se dejaran engañar, que si estaban en Cristo ya estaban completos, no les faltaba nada, que Cristo era más que suficiente para la plenitud espiritual, que no fueran bobitos y no se dejaran estafar.

Y que si había alguna insatisfacción era algo bueno, normal, sano, no porque con Cristo algo faltaba, sino porque al estar en Cristo el Espíritu Santo hace que cada día queramos llenarnos más y más de Él; es un hambre y una sed permanentes por Él.

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¿Los cristianos hacen reuniones de locos o de sabios?

(1 Corintios 14:15, 20, 23, 32, 40).

Cuando un policía de limpia trayectoria y que ha sido leal con su institución se entera de que los responsables de los últimos asaltos y homicidios de su ciudad son también policías activos, su vergüenza es grande, se duele, le da tristeza y hasta rabia. Y lo mismo le sucede al buen predicador cristiano cuando ve a ciertos oradores cristianos proyectar una imagen deprimente de Dios y su evangelio.

Algunos, tratando de sonar muy doctos y queriendo impresionar al auditorio, caen en conductas circenses, ofensivas y manipuladoras. Y en lugar de presentar a un Dios sencillo con un evangelio sencillo, terminan por proyectar una caricatura de los mismos.

La labor de un expositor de la Biblia es transmitir un mensaje de parte de Dios de manera clara, sencilla, efectiva, útil y acorde a las necesidades del público. Su misión no es decir: “los impresioné y les saqué hasta el último centavo”. Sino: “Dios les pudo decir lo que Él quería y lo que ellos necesitaban. Y  lo hizo a través de mí”.

Damas y caballero,  tales conductas no son las que enseña la Biblia. La orden expresa de parte de Dios, a través del apóstol Pablo en 1 Corintios 14, es que hagamos las reuniones con orden y decencia. Que pensemos en la imagen que se llevarán de nosotros las personas nuevas. Que seamos niños en cuanto a la malicia, pero maduros en la forma de razonar. Que no hagamos ni digamos tonterías y que ciertas prácticas espirituales es mejor que las tengamos en nuestra intimidad y no en la reunión general, la cual es de acceso público.

¿Y si ese era el consejo del apóstol para la iglesia local, imagínate lo que diría si se tratara de la radio o la televisión de hoy en día? Por supuesto que muchos líderes religiosos hacen caso omiso de estas enseñanzas bíblicas, como si ellas no existieran.

Es bueno que la comunidad sepa que una gran mayoría de cristianos en el mundo entero son personas de sobrios modales, de vida ejemplar, de conductas éticas y hogares ilustres. Y que en lugar de usar pseudo argumentos religiosos para sacarle el dinero a la gente y acrecentar sus imperios eclesiásticos, más bien contribuyen con generosidad para suplir a los necesitados y para asistir espiritualmente a las almas.

También son personas piadosas y muy espirituales en su vivencia, que saben dar libertad al Espíritu Santo y permitir su mover sobrenatural en las reuniones, pero sin caer en la teatralidad, la ridiculez, el desorden y la indecencia. Ellas saben usar la Biblia como máxima autoridad de ortodoxia y ortopráxis cristianas, es decir, como la máxima autoridad de la doctrina y la práctica.

Terminemos esta reflexión recordando solamente dos palabras del apóstol Pablo en cuanto a sus consejos para las reuniones cristianas que son abiertas al púbico: “orden” y “decencia”.

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Dios puede llenar tu taza, pero, ¿de qué tamaño la hiciste?

 

(Romanos 14:2-3).

Alberto, Luis y Guillermo fueron compañeros de la secundaria. Los tres anhelaban en sus corazones graduarse, formar una familia y servir a Dios. En las reuniones de jóvenes en la iglesia eran desafiados cada fin de semana a poner sus futuros en las manos del Señor y creer por la fe que sus sueños podrían cumplirse. Era cuestión de dejar que Dios hiciera su parte y ellos la suya.

Diez años después, en un encuentro de ex alumnos, se abrazaron de nuevo, compartieron de sus realizaciones y las fotografías de sus familias. Alberto fue el primero en contar que su fe en Jesucristo seguía inquebrantable, que al terminar la secundaria había ido a trabajar al taller de carpintería de su padre y que se había casado con Cristina. Ahora tenía cuatro chicos y le encantaba salir con amigos en bicicleta a repartir porciones de la biblia entre los campesinos de alrededor. La situación económica le era apretada, mas siempre veía la mano de Dios supliéndole.

Por su lado, Luis relató que al graduarse estudió dos años para ser técnico en el mantenimiento de cosechadoras. Justamente trabajando en una agroindustria conoció a su actual esposa, quien era secretaria allí. Ambos ahorraron y se compraron un pequeño apartamento en el cual vivían con sus tres hijos. La familia servía a Dios en grupos de oración caseros, y aunque no eran adinerados, el Señor siempre les proveía.

Guillermo a su turno refirió que terminado el bachillerato decidió con Betty que no se casarían de inmediato, sino que esperarían hasta terminar la universidad. Él se hizo abogado y ella psicóloga. Se casaron, compraron su casa, tuvieron dos bebés y tenían un trabajo estable con el cual se podían sostener holgadamente a la vez que servían a Dios dando asesoría legal y psicológica a iglesias y a los equipos de consejeros. Guillermo también exaltó al mismo Dios de Alberto y Luis por ser su generoso proveedor.

La celebración terminó alegre y con el intercambio de teléfonos y la promesa de volverse a ver. Luego Alberto pasó corriendo la calle en procura de no mojar su único pantalón de gala y se sentó a esperar el autobús. Luis se puso el casco e impermeable y se alejó en su motocicleta. Y Guillermo desactivó la alarma de su auto, se introdujo en él y rápidamente se perdió por la esquina.

Así fue el reencuentro de tres amigos, tres ex compañeros, tres discípulos de la misma iglesia y tres historias diferentes de fe, pues aunque confiaron sus sueños al mismo Dios, lo hicieron en diferente medida. ¿Si pides a Dios que llene tu taza, de qué tamaño la vas a fabricar? Recuerda que las tazas grandes toman más esfuerzo que las pequeñas, aunque Dios puede llenar tanto las unas como las otras.

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Te entiendo perfectamente, yo también pasé por eso.

(Hebreos 4:14-16)

Una de las bondades que tiene la terapia de grupo es que cada uno de los asistentes puede sentir que no es el único ser sobre el planeta que vive una situación en particular, sino que otros seres humanos también están pasando por lo mismo o ya lo pasaron, y eso le trae alivio y consuelo.

Pero la terapia grupal no sólo ayuda en eso, sino que también permite compartir experiencias y dar y recibir lo que es bueno y lo que es malo, para así saber qué conviene aplicar y qué conviene evitar a fin de lograr mayores éxitos.

Es por eso que cuando requerimos ser entendidos por alguien nadie mejor que uno que ya haya pasado por lo que nosotros estamos pasando, a ese sí que le podemos abrir el corazón, porque va a entender cabalmente de qué le estamos hablando.

Así es que si te has sentido traicionado por alguien muy cercano, cuéntale de eso a Jesucristo, Él sabe de qué le estás hablando, Él lo vivió con su amigo Judas. Y si estás enfadado por causa de la gente que sólo te presta atención para ver dónde te equivocas y criticarte inmisericordemente, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siempre tenía entre sus oyentes a eminentes doctores que en lugar de querer ser edificados sólo buscaban ocasión para descabezarlo.

Y si has pasado por hambre y sed, y el sol te ha azotado, y los talones de los pies se te han rajado de tanto andar, y la arena del desierto ha espesado tu saliva y el sudor te ha corrido por la espalda y no has tenido donde recostar tu cabeza, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siendo Dios, dejó su trono de gloria y vino a este mundo a vivir cada uno de esos episodios.

Él sabe lo que es tener que responder cada semana por el mantenimiento de 13 familias, las de sus 12 discípulos y la suya. Él sabe lo que significa ser tentado no después de 10 días de ayuno, ni de 20, sino de 40, cuando la vista se te nubla, los huesos se te pronuncian, los pómulos se te brotan, la cara se te alarga y un mínimo esfuerzo te produce mareo.

Él sabe lo que es pasar por la muerte más terrible, ver a los discípulos esconderse por miedo y después regresar a sus tareas habituales como si la experiencia de tres años con Él no hubiese significado nada. Pero también Él sabe como resucitar en gloria. Así es que si quieres hablar con alguien, habla con Jesús, Él te entiende.

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A qué hueles cuando te vas a encontrar con Dios.

(2 Corintios 2:14-16).

Uno de los detalles que las damas y caballeros cuidan cuando se van a encontrar con alguien importante y quieren causar una buena impresión es: ¿qué perfume o loción voy a usar? El oler agradable es un complemento ideal para una buena presentación en el vestuario y en el aspecto físico.

Es por ello que la industria de la perfumería ha crecido tanto y ha llegado a ocupar no sólo las vitrinas de los supermercados y las boutiques, sino la mayor parte de las estanterías de los almacenes libres de impuestos de los muelles de los aeropuertos y el 90% de las páginas de los catálogos en los aviones.

Las feromonas son sustancias químicas que un organismo secreta para que puedan ser olfateadas por otro de su especie y provocar así una reacción determinada. Se les llama también las hormonas del olor. Las hormigas por ejemplo las usan para enviar diversas señales, un olor específico pudiera significar en qué lugar se ha encontrado alimento, o a qué colonia pertenece esa hormiga, o ser un aviso de alarma, o una señal durante el vuelo nupcial para atraer al macho y que se acerque a la hembra.

Las abejas usan las feromonas de forma parecida a las hormigas, e incluso la reina anuncia de esa manera su presencia para tranquilizar a las obreras y también para controlarlas. En el caso de las mariposas saturnia pyri, las más grandes de Europa, los machos son capaces de detectar el olor de la hembra a 20 kilómetros de distancia.

Estudios en diversas universidades parecen corroborar la tesis de que los seres humanos también producimos feromonas, aunque de manera inconsciente, y es por ello que hoy se venden perfumes especiales para conquistar al sexo opuesto. Y a nivel popular se habla de la química que hubo entre un chico y una chica que congeniaron de inmediato.

El apóstol Pablo escribiéndole a la iglesia de Corinto dice que como cristianos somos siempre triunfadores; y que para Dios Padre nosotros somos el mismo grato olor de su hijo Jesucristo.

Olemos a Él, estamos impregnados de Él, por cuanto nos ha lavado con su sangre de todos nuestros pecados. Y su fragancia es tan espectacular que inclusive la llevamos a todas partes, y cuando la gente cree en Cristo y se salva, lo que huele es vida eterna. Aunque no faltan quienes se niegan a creer y lo que huelen es muerte. ¿Cómo hueles tú para Dios? ¿Hueles a Cristo?

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Firma tus trabajos.

(Colosenses 3:22-23).

El “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, del pintor austriaco Gustav Klimt, fue vendido en el año 2006 en 135 millones de dólares y se constituye en la tercera obra pictórica más costosa del mundo. El primer lugar lo tiene “Number 5, 1948”, de Jackson Pollock, pintor estadounidense, cotizada en 140 millones de dólares.

Estas son cifras astronómicas que demuestran lo que puede llegar a costar un trabajo bien hecho y la firma en el mismo de quien lo hizo. Son obras de arte que llevan tres o cuatro años realizarlas y que no se hacen en serie, sino una sola vez, por lo cual el artista renuncia a hacer otras que le sean similares, para que la originalidad les dé mayor valor. Así es como Dios, el gran artista del universo, hace con cada ser humano, lo realiza único e irrepetible, aunque luego haya obras que renieguen de sí y quieran parecerse a otras, perdiendo el inmenso valor de su individualidad, de ser originales, y no simples copias mal hechas de otras.

Un asesor empresarial acostumbraba a decirle a sus oyentes lo siguiente durante sus conferencias: “Así como los grandes artistas tratan a sus obras como si fueran hijos, así ustedes deben hacer sus trabajos, como si fueran sus hijos. Una obra es una extensión de su creador, la obra dice mucho de quien la ha hecho, dice si su artífice era excelente, bueno, mediocre o malo. Es su obra la que da testimonio de él, y lo seguirá dando aún cuando el artista ya se haya muerto.

Cuando un gran maestro da por finalizada una obra no sólo sabe que ha dado a luz un hijo, un fruto de sus entrañas, de su ingenio, esfuerzo y dedicación, sino que sabe también que acaba de renunciar a hacer otra exactamente igual, porque si no su trabajo perdería el valor de ser original.

El mejor consejo que le puedo dar a un fabricante, a un distribuidor, a un vendedor, a un operario o empleado, es el que hace dos mil años le diera un apóstol a sus discípulos en la Biblia.

Él les dijo a los cristianos que vivían como esclavos en su tiempo que no trabajaran sirviendo al ojo, es decir, haciendo las cosas bien sólo cuando el amo los estaba mirando, sino que lo hicieran como si sus trabajos fueran para Dios.

Si tú haces cada trabajo como si fuera para Dios, como si fuera tu gran obra, única y original, y además con la mejor actitud, calidad, costo y cumplimiento que te sean posibles, ten la seguridad de que serás el rey en tu área laboral”.

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¡Pídelo, acéptalo y aplícalo!

(Hebreos 10:17-18).

En 1897 Martin Dalton asesinó a un hombre de negocios y fue sentenciado a cadena perpetua y enviado a la prisión estatal de Rhode Island en los Estados Unidos. En 1930 se le concedió un perdón absoluto gracias a la solicitud que hizo un abogado de revisar su caso.

Y aunque pudo irse a la calle, Martin prefirió seguir recluido, pues con 61 años no sabía qué hacer con su libertad. El 23 de marzo de 1960 murió tras las rejas, a los 91 años. ¿Es lícito que alguien rehúse un perdón? Si, de acuerdo a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de 1830, cuando George Willson rechazó el perdón que le concedió el presidente Andrew Jackson levantándole la pena de muerte por robar el correo y homicidio. En esa ocasión el juez John Marshall dijo: “Un perdón es un papel, y su valor depende de la aceptación de quien lo recibe”. Así que, Wilson debió ser colgado.

Hay cosas malas que los seres humanos hemos hecho en la vida, de las cuales, algunas, infortunadamente, se han hecho públicas. Otras, unos pocos las han sabido, y a veces, por fastidiar, algún odioso nos las recuerda. Otras, permanecen en secreto, y eso nos tranquiliza un poco. Pero de todas maneras, en cualquier caso, nuestros pecados no pueden ser escondidos de los ojos de Dios y esos pecados nos perseguirán toda la vida, vayamos a donde vayamos. A no ser que… recibamos un perdón oficial de parte de Dios.

Sí, si nos arrepentimos de nuestra maldad, si pedimos perdón, si aceptamos ese perdón y si lo aplicamos a nuestra vida, entonces podemos liberarnos de esa carga de culpa, ser libres y vivir como si nunca nada malo hubiera pasado. Por supuesto que las consecuencias lógicas del pecado estarán allí, pero no habrá cargos de conciencia que nos amarguen.

Por ejemplo, si en tu juventud embarazaste a tu novia y no te casaste con ella, toda la vida serás el padre de ese hijo, a pesar de ya no tener nada con su mamá. Y tendrás que cumplir todos tus deberes paternos, aunque te cases y tengas más hijos, pues la que ahora es tu esposa y tus nuevos hijos deben saber que aunque Dios te perdonó, y ya no serás juzgado por ese pecado, no obstante tu responsabilidad de padre con tu primer hijo no ha cesado.

Lo que no es admisible es que te sigas culpando toda la vida por haber engañado esa chica y creyendo que cualquier evento desafortunado que te pase es por esa antigua falta. Sí, suena ridículo, pero en la realidad todavía hay casos como el de una anciana que cada que algo triste le acontece, se lo adjudica a un aborto de su juventud. No, amigos, Dios no juega con su perdón, de manera que si él te lo da, recíbelo, y perdónate a ti mismo.

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Lo increíble que hacemos creíble.

(Filipenses 2: 6-11; Colosenses 1:26-28)

Pudiéramos tener la impresión de que Cristo cometió un error matemático al decirle al ladrón arrepentido en la cruz que ese mismo día estarían juntos en el paraíso, puesto que Él sólo resucitaría hasta el tercer día. Pero no, no es así, no hay ningún error, Jesús nuevamente estaba declarando que Él es el Padre que está en el cielo.

Hubiese podido decir también: “mira ex ladrón, ahora me estás viendo aquí en la cruz, físicamente, pero al mismo tiempo estoy en el cielo, porque yo soy omnipresente y también el Padre Eterno”.

La misma declaración se la hizo al discípulo Felipe cuando éste le pidió ver al Padre. Jesús entonces se le reveló diciéndole “YO SOY”, por cuanto Él es el gran YO SOY, aquel que se le presentó a Moisés como “YHVH”, nombre hebreo que suena como Yaveh y que se traduce como “YO SOY EL QUE SOY”. ¡Increíble! Y Jesús por eso nunca dijo que Él era el camino para “ir” al Padre, sino para “VENIR” al Padre, para llegar a Él mismo. Y a los judíos teólogos les dijo: “Voy al que me envió (al Padre) pero ustedes no podrán ir a donde YO ESTOY”.

Gramaticalmente uno piensa que Jesús se expresó mal, porque debió decirles: “No podrán ir a donde yo voy”. Pero no, en el texto griego Él dijo: “No podrán ir a donde YO ESTOY”. ¡Increíble! Otra vez la Biblia señala que Jesús es el Padre Eterno, el Creador del libro de Génesis.

Y 700 años antes de que Jesús viniera al planeta y naciera como un bebé el profeta Isaías llamaba al niño: “Admirable, Consejero, Dios fuerte, PADRE ETERNO y Príncipe de paz”. ¡Increíble! El Padre Eterno naciendo en un pesebre en medio de animales de corral.

Pero antes de eso, Él, el gran YO SOY, el creador del universo, se hizo del tamaño de un garbanzo y se metió en el vientre de una campesina judía adolescente y virgen llamada en hebreo Miriam, aunque en castellano se le conoce más como María. Y cuando El Eterno Dios nació en forma humana le pusieron por nombre Yeshua, que quiere decir: “YHVH perdona los pecados”, porque según la Biblia el único que puede perdonar los pecados es YHVH y por eso Jesús, que es YHVH, los perdonaba. ¡Increíble! Y Él es Emmanuel, Dios con nosotros.

Y ya adulto, con inmenso asombro, los arcángeles, ángeles, querubines y serafines lo vieron a Él, al Padre Eterno, al Santo, al Perfecto y Todopoderoso, ser abofeteado, azotado, escupido y colgado en una cruz lleno de pecado. Pero no era su pecado, era pecado ajeno, el nuestro, se lo echó encima, cargó con nuestras culpas. ¿Y sabes por qué? Por un sólo motivo, porque nos ama, por eso, y porque en su inmenso amor pagó por nosotros el castigo por nuestros pecados.

¿Y cuál es ese castigo? La muerte. Sí, Él, Dios, sufrió la muerte más terrible reemplazándonos a nosotros. Él murió para que nosotros vivamos y vivamos eternamente. ¿Crees en esto increíble?

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Tu Papá, no tu esclavo.

 

(Romanos 8:15; Gálatas 4:6; Filipenses 2:8).

En la cultura latinoamericana hablar de paternidad no deja de ser un asunto delicado, ya que hay hombres que han asumido con responsabilidad su rol de papás. Pero también hay otros especímenes andando por ahí con ínfulas de sementales, que no les importa procrear niños y luego dejarlos abandonados como si fueran perritos.

Así es que cuando uno quiere explicarle a alguien que la Biblia presenta a Dios como Papá, no se sabe si lo estamos dejando bien o mal parado, pues para muchos la figura de la paternidad o no existe o es un completo desastre. De forma tal que en ocasiones, buscando la manera creativa de comunicar el concepto de la paternidad de Dios, hay que decir cosas tan curiosas como: “Mira, Dios es un papá, pero un papá que tiene corazón de mamá, lleno de amor”.

Para los judíos la figura del Dios Papá no es complicada de entender, pues la imagen que tienen de él es la de: un proveedor, un cuidador, un maestro, un guía, un consejero, una autoridad delegada por Dios, el sacerdote de la casa, el único esposo de mi mamá y quien me va a dejar en herencia todos los bienes que logró acumular. El apóstol Pablo le explicaba a sus oyentes que cuando una persona por la fe entrega su vida a Cristo y nace de nuevo, espiritualmente, Dios le envía al Espíritu Santo, para que se quede a vivir dentro del cuerpo de ese nuevo cristiano.

Ese Espíritu Santo es quien lo convence de que ya no es un esclavo, sino un hijo, por lo cual le hace exclamar: “ABBA”. Y “ABBA” es una palabra del Nuevo Testamento Griego que procede del arameo, y significa “Papito” o “Papi”. Era la palabra que el niño pequeño le decía con ternura a su papá.

¡Qué espectacular noticia! Dios es mi Papá, pero un Papá al que debo amar, oír, respetar, seguir y adorar. Por eso Jesús siempre oró al Padre con confianza y respeto, no como a un esclavo, sino como a su Padre Eterno. Jesús no le decía:

“Oye viejo, sabes qué, ese asuntito de morir en la cruz y que me den golpes y se burlen de mí no me cuadra, no es muy “nice”. O sea, yo pienso en algo más suave, algo súper híper mega espectacular, algo bien sensacional, que vaya con mi estilo. O sea, algo propio del Hijo de Dios, tú sabes viejo, yo no soy cualquier gentuza”.

Jesús por el contrario, siendo Dios, se postró y se humilló ante su Papito y lo obedeció hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso le expresó: “Hágase tu voluntad y no la mía”.

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